martes, 24 de enero de 2017

¿Es corrupto el español?



¿Es el español corrupto? Yo sólo diré, que mientras escribo este artículo, en una biblioteca, desde mi portátil, sería incapaz, de irme al servicio o a darme un paseo y dejar mi ordenador tranquilamente en la mesa: me lo robarían. Y no a punta de pistola, esto no es Venezuela, pero sí, desaparecería.

Con todo el hachís que entra de Marruecos por Andalucía, y toda la cocaína que llega por el puente Galicia-Portugal, como bien muestra la película de Andrés Luque Pérez Agallas, de 2009, parece asombroso que ningún juez español haya sido seducido por el narcotráfico. ¿Cuántos jueces hay en la cárcel? Es una muy buena pregunta.

Si entramos en el territorio político tendríamos que mencionar un sinfín de casos de corrupción, donde el Partido Popular reina por excelencia, seguido del Partido Socialista, junto con Izquierda Unida y los sindicatos burgueses: UGT y Comisiones Obreras. El político, elegido por el Sistema para dirigir a la sociedad, y quien recibe parte del pastel de la potestad, es aquél que da los permisos a los empresarios gigantes para que trabajen a cambio del famoso cohecho: si te cedo unos terrenos y los hago urbanizables, quiero dinero en sobres de tela de color marrón, y enlutados, en una revista pornográfica de sadomasoquismo, e incluso, además, quiero varios pisos para mí. Lo mismo ocurre si se expropian haciendas cercanas a la playa.

Asimismo, los sindicalistas, como patrón de resistencia, de los pobres y trabajadores más precarios también, reclaman su parte del pastel. Empresarios pivotan la corrupción con la conchabanza de sindicalistas, políticos, policías del Servicio Secreto y jueces. Cada uno cumple su función, tiene su oficio: todo funciona como una perfecta red enmarañada, englobada, en el meollo de una mafia organizada. Todos ellos están emporcados en la misma avaricia, el mismo satanismo; y hay un precepto que es clave: el que se vende entra en el club, y eso no es problema, porque la mayoría ve muy tediosa una vida de sacrificios, ahora bien, la cosa es que el corrupto introducido trabaje con diligencia.

¿Pero tiene la plebe la moral que no poseen sus gobernantes? ¿Cuáles son nuestros principios? Salgo a la calle y veo cómo menosprecian a los mendigos; les escupen a los ojos. Voy a un bar y me quieren cobrar 1,40 euros por un café con leche, en donde escucho cosas como: "no se siente vergüenza por robar, sólo se siente vergüenza, si te pillan robando". Ya se sabe de la tradición española de pasar hambre con tal de presumir de bolso, zapatos o coche, frente al prójimo. La vanidad alimenta nuestra propia ceguera, pero en España, hay miserables que presumen de vasijas de oro mientras hay niños que no tienen para comer.

La cultura dominante española es muy mediterránea, y ello provoca que los conceptos se transvaloren, llegando a considerarse negocio lo que es latrocinio: uno presume de haber estafado al otro, y haber logrado con ello una ascensión dineraria. Por eso, el español se siente orgulloso si logró endosar algo defectuoso a un comprante despistado o, si la comisión ilegal recibida le donó un grano más de poder... En España, el pensamiento general dicta que un señorito o señorita que se juega la vida en el Tercer Mundo es un gilipollas, sin embargo, el ladrón capitalista o comunista que se compra el Ferrari u obtiene la fama es un crack: ésos son los valores que ensalzamos; lo que es contravalor se transforma en valor. Y muchos no quieren robar, pero la codicia les impide llevar una vida normal u honesta.

Si se monta el circo de ver mujeres universitarias o jóvenes sin recursos económicos, que se despojan la ropa por una botella de güisqui, aunque sean pagadas por un local demente, el español medio se ríe. Hay demasiados imbéciles que ven en el fallo o la degradación ajena, una forma de carcajada que les eleva, y son demasiado payasos, para comprender, por qué les hace tanta gracia. Los programas de telebasura lo simbolizan bien, simulan acciones en que hay tías que caen en supuestos descuidos, donde desabrigan un tanga o un sujetador, y entonces, el público de escenario se ríe y el público de casa lo compra, por lo tanto, también se reirá. Además, si un sujeto vil le arranca la ropa a una fémina y se hace con ello apología a la violación, mejor todavía, pues ese sujeto es aclamado con todo el ruido sudorífico por la plebe. Después, ya se buscará la excusa de que ella es en verdad una estríper.

Fíjense ustedes en la telebasura y el cinebasura, ambos están unificados en Torrente, de Santiago Segura, en especial, en las dos últimas películas. ¿Qué modelos de conducta son venerados en España? ¿Qué es lo que la gente consume, y por tanto, compra? Los macarras, los amorales, los asesinos de toda conciencia: la morralla de la peor calaña que es capaz de vender a su madre por una gallina, ésa es la morralla enaltecida. El español medio reclama, e incluso aclama, la imprecación, personificada en el sujeto más miserable, para despojarlo de toda dignidad ante el deleite de su sadismo. 

En España se venera a los chulos de mierda, a los que se imponen con el criterio de la bravuconería y la violencia. Da igual lo que defiendas, si tienes la fuerza, tienes la verdad, y nadie defiende al débil, porque si estás del lado del fuerte, no te partirán la cara, aunque tengas que defender la causa más noble.

El 90% de los empresarios asegura que sin tratos de favor y sin comisiones es imposible hacer negocios en España. La gente, en la calle, cuando subraya que tiene en mente algo de trabajar se le escapa: "Bueno... mi padre está por ahí en tal puesto...". La universidad, por ejemplo, es el gran símbolo de la enorme corrupción: la endogamia de elección en el profesorado sangra a toda decencia. El día que evolucionemos será cuando hayamos echado a la mayoría de los planteles de profesorado universitario.

Por otra parte, la mentalidad española se conduce al pensamiento de que si se hace trampas en un examen, y la cosa sale bien, es un genio. Además, su ideación le lleva a huir si atropelló a alguien inocente, y la gracia de los dioses, le ofrece un día lluvioso. ¿Es valorada la honestidad en España? NO. Es considerada como un cáncer, una rémora que te impide progresar. Hay en nuestra endogamia de ser una deshonestidad manifiesta, que acerada por una liviandad moral y una ausencia de reflexión, que conecta con nuestra genética mediterránea, nos hunde en la corrupción espiritual más rastrera. Nos lleva a la pereza, a la fiesta perenne y al trapicheo.

Nos gusta demasiado la fiesta, y eso, contrae problemas. Bailamos mucho y pensamos muy poco; y encima, estamos dominados por bufones idealistas que si van de graciosos son tachados de guasones, más salados que todas las cosas, así sean los mayores corruptos y hayan vaciado las arcas públicas de todos y todas, hayan dado contratos millonarios a sus familiares o amiguetes, hayan promovido el ecocidio; o hayan perseguido con toda la tiranía intangible, a personas decentes que no quisieron venderse a un sistema corrupto. Así es el español medio. Y es el mismo sujeto meridiano que se ríe del virgen y apremia al violador el que representa la mayoridad.

Nuestro clima atrae a los peores jetas de lo humano. Son ascendidos a los altos tronos de las disertaciones públicas los seres más perdularios, de los que predican la pobreza desde la riqueza, de los que dicen asquear la corrupción y viven de ella, y encima, son vitoreados por una masa politizada que sin partidismo no es nadie, que se ha tragado unos símbolos y por ellos muere. La ignorancia de la niebla, que a ningún camino puentea, salvo al suicidio colectivo, guía al español medio.

Y existe un problema mayor, y es, que los patrones que se remolcan en los medios de comunicación de masas son los más villanos. Se traslada una idea al inconsciente, y es, que siendo noble te pisarán, pero siendo malo, tendrás a las mujeres, al dinero y al poder.

La telebasura lo muestra bien, iluminando la voz de los sujetos más despreciables y maleducados, y por supuesto, analfabetos hasta en el peroné: nuestra cultura de telebasura nos asesina la conciencia y el saber. Somos la cola de Europa en lo geográfico, en lo intelectual y en lo moral. No somos los europeos de Finlandia, donde por clima y facultad de cavilación, personajes de Sálvame no tendrían ni un 0,1 % de audiencia, sin embargo, aquí son dioses, como otrora, lo eran otros de Crónicas Marcianas, y tantos programas del mismo estilo. Lo amarillista, que siempre cabalga con lo criminal, es endiosado en este país: una putada demasiado realista, y enclavada, en lo real. ¿Tenemos desde la televisión española algún modelo moral? Espero sus respuestas, la mía es NO.

En un pub una chica le quitaba la copa a un amigo, y al pillarla, se exculpaba con la desfachatez de una mentirosa que mantiene el tipo, con la caradura en cada palabra; además, su amigo agrega: "bueno, es que buscábamos solidaridad".

Por otro lado, para encontrar habitación debes conocer a un sinfín de corruptos y corruptas endémicas. Morralla que realquila habitaciones sin permiso de la dueña, casas que son un posadero de la Edad Media, algún chiscón de ventana tabicada, y algún mugriento moral que alquila una habitación donde sólo cabe una cama, y después, renta una sala de estudio, aparte. ¿Crees que el camarero que trabaja para el jefe no se lleva la pata de jamón para el caldo de casa o no se las toma a escondidas, y de forma directa, del barril?

Así, en España, la sociedad criminaliza a los morales por ser aburridos, y enaltece a los amorales, por tener los cojones para conquistar y violar lo del otro. En esta nación, si se comete un acto de injusticia la gente se calla, o da la razón al que tiene la fuerza, y la mayoría, lo graba en el móvil como forma de divertimento. La camarera sirve, con el rubor decapitado, la copichuela infecta y adulterada al maltratador de mujeres; el empleado de casa de apuestas engancha con verbos satánicos al ludópata exánime que deja a sus hijos hambrientos en el hogar.

Y aunque me tachen de nihilista, tengo una solución para la corrupción muy sencilla. Si una aristocracia nihilista que amase más el cumplimiento de la ley que el soborno, que se conformase con los churros con chocolate y un televisor mediano, que odiase los yates, viajar por el mundo, los coches, el oro, y los discursos de masas, que sólo exhortan la chulería del madrileño medio xenófobo, entonces, habría un hálito de esperanza. Siempre que se hiciese con el mando un grupo de no-intelectuales, que refugiados en el nihilismo, fueran pirómanos de toda violencia, y tuvieran un carácter antisocial, habría esperanza. Y si además, ese grupo, no se dejase perturbar por la ideología (fuera la que fuera), habría algún principio de salvación.

La medida a tomar sería clara: 30 años de cárcel para todo corrupto, sin reducir ni un día de la misma, ni con buen comportamiento, sólo en el caso de que devolviera más del 50% de lo robado, y mostrase un arrepentimiento verificado por el mejor grupo de psicólogos, criminólogos y psicoanalistas, podría rebajársele algo. Para los asesinos lo tendría claro: cadena perpetua.

Sin castigo, desgraciadamente, no se puede frenar a los delincuentes. Si en España los delincuentes internacionales campan las calles con músicas estridentes, es porque conocen la ley, y saben, que es más indulgente que la francesa, la alemana o la británica. Haz que la ley sea un cachondeo y el suelo público se atiborrará de criminales, es una causa-efecto de Primaria. Ahora, mi planteamiento podría provocar una dictadura encubierta, el humano mediterráneo es así, pero aunque utópica es mi posición, es muy posible. Sin embargo, el Sistema, ese grupo oscuro y todopoderoso tiene demasiada hegemonía: el fútbol, la telebasura, el pornoteatro y el cinebasura hace el resto. Pero, yo trataré de humanizar conciencias, como el mutilado que vocea su dolor en el metro ante oídos de corazón enclaustrado.

La mayoría de los españoles son corruptos, con la diferencia, de que no todos tienen el poder para robar lo que sólo los clanes cercanos al poder político y sindicalista, sí pueden. La cultura ha creado una forma de vida donde para sobrevivir hay que robar, aunque el mayor ladrón es el estado, con su escudo dibujado por cuarteles coercitivos. El mecánico roba al fontanero, el abogado al médico, y éste, a su vez, a la limpiadora, quien roba al arquitecto, quien es robado por el maestro. 

En este sentido, yo te digo que la mayoría de la gente es miserable y mala, por eso debes hacer lo siguiente: luchar por esos detalles que te darán los buenos, que son la minoría, y llevar tu vida con egoísmo, y además, con nihilismo, para purificar todo lo contaminado que irradia el Sistema. Si crees, tan sólo un instante, que el cambio es posible, como las nuevas iniciativas que el Sistema ha cocinado bajo nuevas máscaras e ideas, entonces, querido y querida, estás muerto. Nadie va a cambiar nuestro clima, y nadie va a derribar a esta cultura sádica española: donde para besar la gloria has de ser un impúdico referencial, donde el infantilismo siempre vence, donde la apariencia está por encima del ser en sí, donde la honestidad es pateada al ostracismo, y donde el criminal, es el sujeto siempre ascendido a los cielos.


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