lunes, 16 de enero de 2017

Calientapollas VS Calientaconchas





La RAE ha insertado en nuestro léxico sistémico el termino calientapollas para designar a esa clase de mujeres que galantean una minifalda, saborean la cera carmín y lucen un escote desbocado para seducir al hombre, con una prosodia y unos vocablos insinuantes que, persiguen el fin de excitarlo para no rematar la jugada con un acto sexual, y así, dejarle con el calentón encima y la frustración sexual.

Así define la RAE el término calientapollas: "Persona que excita sexualmente a un hombre sin intención de satisfacerlo". La RAE asevera que tiene la misión de inyectar en nuestro vocabulario todos los términos que están presentes en la vida social, y es sabido, que la televisión y el cine promueven a ese arquetipo de mujer que hechiza y provoca erecciones pero que luego se niega a follar por los motivos que sean, de forma muy profusa. Esa mujer existe y yo no lo niego. Ahora bien, lo que sí pongo en duda es por qué no se tiene en cuenta el otro caso: en el que es el hombre el que caldea a la vagina de la fémina para después no liquidar la seducción con la penetración o la práctica sexual que se requiera. Los hombres también calientan a las mujeres, son sinuosos muchas veces, y en muchas ocasiones, retozan con el erotismo verbal para después no clavetear en la matriz.

El hombre también juega con la añagaza para arder el deseo sexual de ella y finalizar la jugada con el bálano en el taparrabos, pero claro, la RAE no incrusta el término de calientaconchas, elucidando que esa situación no se da en la vida social de nosotros y nosotras. Por lo tanto, la RAE tiene el poder, bajo el influjo del sistema oscurantista, de alzaprimar que vocablo debe ser encestado en nuestra jábega terminológica y cuál no, y no en función de su presencia en la vida comunitaria sino de la hegemonía de género que se pretenda imponer.

En la vida hay tías calientapollas y tíos calientaconchas, la diferencia es que la primera palabra está en nuestra RAE, la puedes usar con total tranquilidad, pero la segunda, no ha sido insertada, con el subterfugio de que la acción que determina no se produce apenas en nuestra cotidianidad diaria, por lo tanto, la tienes que poner en cursiva porque es un neologismo, no existe para la ciencia académica, es un vocablo marginal.

Algo sé yo de lo académico, y es que su única finalidad es la de trabajar para empequeñecer tu mente, tu dignidad y tu orgullo. En su alfilerazo se halla la estructuración salvaje de la sumisión de ánima. No dudo para nada que es la palabra la que asesina primero, antes que la violación, la agresión y el asesinato. Las palabras constriñen nuestro mundo circundante, y unos aristócratas, al servicio del sistema oscuro, nos señala cuáles son válidas y cuáles no, como forma de sistematizar la colectividad normativa civil, y ésa es mi crítica, dirigida hacia aquéllos que falsean lo real, cercenan nuestro imaginario y se atrincheran en la coerción simbólica mediante palabras virulentas que sólo sirven para enaltecer una dialéctica sexual por encima de otra.

Hay hombres calientaconchas, somos un gran porcentaje, la mayor parte de los hombres alguna vez en su vida lo ha sido, y por ello, debería estar ese término registrado por la RAE, pero no es así, y no porque sean reaccionarios nuestros reyes lexicones sino porque ellos trabajan para la disimetría de poder, y digo ellos, porque el 80% de los de la RAE son varones.

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