martes, 24 de enero de 2017

¿Cuál es el objetivo de la ideología?



Karl Marx ya decía que el nacionalismo es el invento de la burguesía para dividir al proletariado.

Asimismo, un grupo misterioso, con la inteligencia y la frialdad de Hannibal Lecter, ha creado algo de lo que debes estar sometido para ser sujeto social consciente: la ideología. 

Afortunadamente, yo soy nihilista, y por tanto, apolítico. y esto no quiere decir que sea un técnico de nada, ni que mire las cosas desde fuera, esto quiere decir, simplemente, que no me trago un cuento que ha sido creado por los clanes sombríos que gobiernan todo desde la sombra, ésos, que han secuestrado el inconsciente social, con un coeficiente intelectual de 180 y un alma caníbal. Para mí ser oscuro o nihilista no me encierra en ninguna ideología, sólo me hace desvalorizar el mundo circundante pues, todo, es un inmenso montaje. Aunque, quizás, tampoco debería ser nihilista.

Pero la pregunta es: ¿Cuál es el objetivo de la ideología? ¿Y por qué tengo que pertenecer a alguna? 

Sin la ideología los gobernantes del mundo no tendrían el poder para hacer que la gente se matase entre sí. Las ideas deben enfrentarse; deben matarse entre ellas a través de las personas. Por mi ideología se justifica hasta la violencia más atroz y cobarde: así son. La ideología es lo que permite a determinados sujetos trabajar para el sistema genocida, el que se oculta detrás, y con ello, obtener cuantiosas dosis de dinero y de fama. Sin la ideología, no se podría alienar al individuo; ni someterlo, a una serie de dogmas que le domeñan la mente.

La historia nos dice que el sistema asesino del nazismo cayó, pero hubo otro que siguió, el soviético, encabezado por Stalin. Realmente quien apoye a Stalin es proasesino, sádico o ignorante en historia; pero se le admira en grandes círculos de la izquierda. Se sabe mucho de las matanzas de Hitler, masacró a 70 millones de personas, pero de Stalin, y su genocidio psicótico, se habla muy poco. Y el georgiano mató más que Hitler, por ejecución directa o hambre.

Harían falta decenas de documentales para explicar todo su sistema homicida de un terror inmedible, destacando, las 7 millones de personas asesinadas por hambruna en Ucrania, entre 1932 y 1933; en sólo un año: la mitad, niños. Los ucranianos lo llamaron Holodomor: exterminación por hambre. Llegaron a enterrar a la gente viva, en algunos casos. Les arrebataron hasta la última migaja de trigo y Stalin colocó a su policía secreta en las fronteras para evitar su huida.

Todo ello, sin olvidar las purgas políticas, con casi 3 millones de muertos a lo largo de toda la década de los años 30. Además, debemos comentar al Gulag torturador, que dejó decenas de millones de muertos, por frío, inanición o ejecución, donde se esclavizó a otras decenas de millones, con el trabajo más inhumano, y se violaba a las mujeres, todas ellas repartidas por los militares de alto rango. La gente desaparecía de sus casas por obra de la policía secreta, y nunca regresaba; los campesinos llegaban hambrientos a las ciudades y morían como ratas en la acera: 9 millones de personas morirían de inanición por el terror estalinista.

Stalin era un tipo que en 1934 hizo un congreso con 1.200 delegados venerándole, y entre el gulag y la pena de muerte, se quitó de en medio a 1108 entes. Como bien me recalcó una amiga rusa: "Stalin fue un Hitler contra su propia gente". Todo aquél que fuera contrario al régimen, o era asesinado, o llevado a los campos de concentración, y muchas veces, incluso, sin haber hecho nada, siendo inocente de toda acusación. Stalin dijo que la gratitud era una enfermedad de los perros, cuando contestó a un compañero de régimen que había custodiado su vida durante 20 años, y al que asesinó fríamente. Además, dijo que matar a un hombre era un asesinato pero a 1 millón una estadística. Stalin mandó asesinar a niños-vagabundos, que huérfanos, estaban tirados por las calles de las ciudades, sobre todo en Moscú, siempre que tuvieran la edad mínima de 12 años. Desgraciadamente, sólo los asesinos escriben la historia.

El sistema de entonces alimentó la sevicia más infrahumana para aterrar, y todo conducido desde una ideología u otra. El nazismo masacró, desde una ideología de raza superior inventada, a 6 millones de judíos, quienes después, servirían la muerte a los palestinos. El ciclo nunca se detiene, nadie puede tener principios.

De este modo, la ideología nazi y la soviética, promovida por Hitler y Stalin, son la misma basura, y es increíble, que esas posiciones siguen teniendo vigencia hoy. En 1939, el Pacto Ribbentrop-Mólotov significó la unión entre Stalin y Hitler, quienes se repartieron por la mitad a la invadida Polonia, incoando un régimen de terror, desde dos ángulos distintos, pero con el mismo componente sádico.

La ideología que uno cree portar en su cabeza sólo le somete a un credo que ha sido inventado por un psicópata que se ha hecho rico matando y robando con la creación de la misma, instrumento capital, para dirimir a la gente de un pueblo para que se odie y se mate. "Yo soy antifascista", dice un sujeto en un bar, ¿y por qué? Si antifascista quiere decir que no tienes personalidad propia y que has de negar el discurso del otro, pues no tienes uno propio,y eso te hace ser persona social, entonces, sólo eres la negación que hay en el yo ajeno, e implícitamente, atezas tu discurso propio. ¿Quién te convierte en antifascista? ¿Quién te lleva a esa trinchera? ¿Ser antifascista te hace ser tolerante o te conduce a la agresión de lo que consideras fascista? ¿Agredir no sería fascismo o te escudas en el derecho de agresión contra lo que crees inhumano bajo un pensamiento que te han inducido? A esa trinchera sólo te lleva el sistema, el que gobierna en la sombra, el que creó la ideología. Tú no eres más que un borrego a su servicio.

¿Se imaginan una España donde la gente saliera a quemar todos los símbolos de ideología? Entonces... ¿cómo podría dominarnos el sistema? Lo tendrían muy jodido. El sistema tiene claro que todo el mundo ha de tener ideología, y si no la tienes, entonces eres un marginado social, un psicótico, un nihilista: es decir, basura humanoide. Pero si la gente venciera su mácula interior, la inoculada por el sistema regicida, y saliese a la calle a decir: !Adiós ideología!, el sistema temblaría. Pero encima, algunos pobres de la debilidad y el escaso trabajo de inconsciente, verborrea que no somos nadie sin ideología: quizás sea la frase del que vive por y para el sistema, pero no, es de alguien a quien le han hecho tragar esa sentencia desde la infancia.

En España hay grupos de extrema derecha y de extrema izquierda, curiosamente, formados en las zonas más indigentes de la urbe. Ve a un barrio rico y verás como no hay ningún extremista psicópata, porque lo que quieren es que la gente más pobre se mate entre sí y, sobre todo, no se agrupe para exigir derechos a las clases medias y altas. ¿Y para qué esa ideología? ¿Para dar palizas a inocentes?, o ¿para exorar justicia social bajo siglas que trabajan para el sistema y cobran del mismo?

Nietzsche, en su crítica contra el idealismo trató de salvar a la humanidad de la catástrofe. Señaló a la perfección como el anarquista era un decadente. Rubricó, como la ideología era fruto del sentimiento de venganza y del resentimiento; definió como los ideólogos eran como los cristianos, pero desde otra lectura cognitiva. Y nadie le hizo caso.

En España y Europa, algunos y algunas, están muy pendientes de la ideología. Creen que ahí está la clave, sin saber, que ese símbolo o dogma es el que les esclaviza. Los dueños del mundo no tienen ideología, sólo conocen de fuerza y poder. Ahora bien, los pastores de la ideología mediáticos, es decir: periodistas, políticos, jueces y catedráticos reconocidos en los medios de masas, sí necesitan a la ideología, porque predicando la misma, se suben a la cúspide de lo social, al trabajar para el sistema asesino que maquina desde la caverna, y así, consiguen el Alto Poder, la fama para hilar y deshilar al vestido de la potestad; y por supuesto, el dinero y el estatus social anhelado. 

El Sistema cede a estos bufones, débiles nietzscheanos: entes frágiles y corruptos que ocupan la posición de los fuertes (los nobles y los decentes que no se venden al sistema, predicando sin ideología) para apoderarse de la mayor parte del pastel que les adjudica el Sistema, con la única misión de disuadir el imaginario colectivo. Y estos débiles nietzscheanos, que imperan en la cultura dominante, y gobiernan todo el círculo mediático desde su voz, son los que encarcelan o destierran a los fuertes nietzscheanos, que en su no-ideología, tratan de liberar al ser humano, y como recompensa, son orinados y etiquetados como despojo.

No eres un ideólogo sino un humano. Libérate de esos bufones que te quieren a su servicio, que te desprecian y que te quieren secuestrado bajo símbolos que sólo dictaminan un terreno ilusorio, prefabricado, para inmovilizar tu mente, en el interior de un conflicto dibujado por el Sistema, al tiempo que, otros y otras, ascienden a esa cúspide que el Sistema concede al que lucha para su causa.

Ni republicano, ni franquista; tú eres, o rico, o pobre. Asesinar al ideólogo que la cultura trata de imponerte para ser una oveja más, es un objetivo capital, que se aloja en tu inconsciente, y que es directamente proporcional, con las expectativas de libertad y de pensamiento libre que pretendas alcanzar.

Ni una cuchara de tiempo perderemos en esos ideólogos que hablan de la izquierda, la retribución equitativa de los bienes, los pobres y los necesitados, con el único de fin de hacerse famosos, poderosos y ricos, con esas causas que desprecian y que falsean. Y tampoco perderemos decibelios de tiempo, en esos que dicen proteger la libertad, con austeridad e inversiones privadas que ocultan beneficios particulares, y que ensalzan patriotismo, en el mismo segundo en el que venden su nación al extranjero. Yo sí malgastaré mi vida en luchar para desarticular a ese Sistema que gobierna en la clandestinidad, y que porta la ideología, para desdeñar al individuo en un conflicto ilusorio.

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