martes, 24 de enero de 2017

¿Es corrupto el español?



¿Es el español corrupto? Yo sólo diré, que mientras escribo este artículo, en una biblioteca, desde mi portátil, sería incapaz, de irme al servicio o a darme un paseo y dejar mi ordenador tranquilamente en la mesa: me lo robarían. Y no a punta de pistola, esto no es Venezuela, pero sí, desaparecería.

Con todo el hachís que entra de Marruecos por Andalucía, y toda la cocaína que llega por el puente Galicia-Portugal, como bien muestra la película de Andrés Luque Pérez Agallas, de 2009, parece asombroso que ningún juez español haya sido seducido por el narcotráfico. ¿Cuántos jueces hay en la cárcel? Es una muy buena pregunta.

Si entramos en el territorio político tendríamos que mencionar un sinfín de casos de corrupción, donde el Partido Popular reina por excelencia, seguido del Partido Socialista, junto con Izquierda Unida y los sindicatos burgueses: UGT y Comisiones Obreras. El político, elegido por el Sistema para dirigir a la sociedad, y quien recibe parte del pastel de la potestad, es aquél que da los permisos a los empresarios gigantes para que trabajen a cambio del famoso cohecho: si te cedo unos terrenos y los hago urbanizables, quiero dinero en sobres de tela de color marrón, y enlutados, en una revista pornográfica de sadomasoquismo, e incluso, además, quiero varios pisos para mí. Lo mismo ocurre si se expropian haciendas cercanas a la playa.

Asimismo, los sindicalistas, como patrón de resistencia, de los pobres y trabajadores más precarios también, reclaman su parte del pastel. Empresarios pivotan la corrupción con la conchabanza de sindicalistas, políticos, policías del Servicio Secreto y jueces. Cada uno cumple su función, tiene su oficio: todo funciona como una perfecta red enmarañada, englobada, en el meollo de una mafia organizada. Todos ellos están emporcados en la misma avaricia, el mismo satanismo; y hay un precepto que es clave: el que se vende entra en el club, y eso no es problema, porque la mayoría ve muy tediosa una vida de sacrificios, ahora bien, la cosa es que el corrupto introducido trabaje con diligencia.

¿Pero tiene la plebe la moral que no poseen sus gobernantes? ¿Cuáles son nuestros principios? Salgo a la calle y veo cómo menosprecian a los mendigos; les escupen a los ojos. Voy a un bar y me quieren cobrar 1,40 euros por un café con leche, en donde escucho cosas como: "no se siente vergüenza por robar, sólo se siente vergüenza, si te pillan robando". Ya se sabe de la tradición española de pasar hambre con tal de presumir de bolso, zapatos o coche, frente al prójimo. La vanidad alimenta nuestra propia ceguera, pero en España, hay miserables que presumen de vasijas de oro mientras hay niños que no tienen para comer.

La cultura dominante española es muy mediterránea, y ello provoca que los conceptos se transvaloren, llegando a considerarse negocio lo que es latrocinio: uno presume de haber estafado al otro, y haber logrado con ello una ascensión dineraria. Por eso, el español se siente orgulloso si logró endosar algo defectuoso a un comprante despistado o, si la comisión ilegal recibida le donó un grano más de poder... En España, el pensamiento general dicta que un señorito o señorita que se juega la vida en el Tercer Mundo es un gilipollas, sin embargo, el ladrón capitalista o comunista que se compra el Ferrari u obtiene la fama es un crack: ésos son los valores que ensalzamos; lo que es contravalor se transforma en valor. Y muchos no quieren robar, pero la codicia les impide llevar una vida normal u honesta.

Si se monta el circo de ver mujeres universitarias o jóvenes sin recursos económicos, que se despojan la ropa por una botella de güisqui, aunque sean pagadas por un local demente, el español medio se ríe. Hay demasiados imbéciles que ven en el fallo o la degradación ajena, una forma de carcajada que les eleva, y son demasiado payasos, para comprender, por qué les hace tanta gracia. Los programas de telebasura lo simbolizan bien, simulan acciones en que hay tías que caen en supuestos descuidos, donde desabrigan un tanga o un sujetador, y entonces, el público de escenario se ríe y el público de casa lo compra, por lo tanto, también se reirá. Además, si un sujeto vil le arranca la ropa a una fémina y se hace con ello apología a la violación, mejor todavía, pues ese sujeto es aclamado con todo el ruido sudorífico por la plebe. Después, ya se buscará la excusa de que ella es en verdad una estríper.

Fíjense ustedes en la telebasura y el cinebasura, ambos están unificados en Torrente, de Santiago Segura, en especial, en las dos últimas películas. ¿Qué modelos de conducta son venerados en España? ¿Qué es lo que la gente consume, y por tanto, compra? Los macarras, los amorales, los asesinos de toda conciencia: la morralla de la peor calaña que es capaz de vender a su madre por una gallina, ésa es la morralla enaltecida. El español medio reclama, e incluso aclama, la imprecación, personificada en el sujeto más miserable, para despojarlo de toda dignidad ante el deleite de su sadismo. 

En España se venera a los chulos de mierda, a los que se imponen con el criterio de la bravuconería y la violencia. Da igual lo que defiendas, si tienes la fuerza, tienes la verdad, y nadie defiende al débil, porque si estás del lado del fuerte, no te partirán la cara, aunque tengas que defender la causa más noble.

El 90% de los empresarios asegura que sin tratos de favor y sin comisiones es imposible hacer negocios en España. La gente, en la calle, cuando subraya que tiene en mente algo de trabajar se le escapa: "Bueno... mi padre está por ahí en tal puesto...". La universidad, por ejemplo, es el gran símbolo de la enorme corrupción: la endogamia de elección en el profesorado sangra a toda decencia. El día que evolucionemos será cuando hayamos echado a la mayoría de los planteles de profesorado universitario.

Por otra parte, la mentalidad española se conduce al pensamiento de que si se hace trampas en un examen, y la cosa sale bien, es un genio. Además, su ideación le lleva a huir si atropelló a alguien inocente, y la gracia de los dioses, le ofrece un día lluvioso. ¿Es valorada la honestidad en España? NO. Es considerada como un cáncer, una rémora que te impide progresar. Hay en nuestra endogamia de ser una deshonestidad manifiesta, que acerada por una liviandad moral y una ausencia de reflexión, que conecta con nuestra genética mediterránea, nos hunde en la corrupción espiritual más rastrera. Nos lleva a la pereza, a la fiesta perenne y al trapicheo.

Nos gusta demasiado la fiesta, y eso, contrae problemas. Bailamos mucho y pensamos muy poco; y encima, estamos dominados por bufones idealistas que si van de graciosos son tachados de guasones, más salados que todas las cosas, así sean los mayores corruptos y hayan vaciado las arcas públicas de todos y todas, hayan dado contratos millonarios a sus familiares o amiguetes, hayan promovido el ecocidio; o hayan perseguido con toda la tiranía intangible, a personas decentes que no quisieron venderse a un sistema corrupto. Así es el español medio. Y es el mismo sujeto meridiano que se ríe del virgen y apremia al violador el que representa la mayoridad.

Nuestro clima atrae a los peores jetas de lo humano. Son ascendidos a los altos tronos de las disertaciones públicas los seres más perdularios, de los que predican la pobreza desde la riqueza, de los que dicen asquear la corrupción y viven de ella, y encima, son vitoreados por una masa politizada que sin partidismo no es nadie, que se ha tragado unos símbolos y por ellos muere. La ignorancia de la niebla, que a ningún camino puentea, salvo al suicidio colectivo, guía al español medio.

Y existe un problema mayor, y es, que los patrones que se remolcan en los medios de comunicación de masas son los más villanos. Se traslada una idea al inconsciente, y es, que siendo noble te pisarán, pero siendo malo, tendrás a las mujeres, al dinero y al poder.

La telebasura lo muestra bien, iluminando la voz de los sujetos más despreciables y maleducados, y por supuesto, analfabetos hasta en el peroné: nuestra cultura de telebasura nos asesina la conciencia y el saber. Somos la cola de Europa en lo geográfico, en lo intelectual y en lo moral. No somos los europeos de Finlandia, donde por clima y facultad de cavilación, personajes de Sálvame no tendrían ni un 0,1 % de audiencia, sin embargo, aquí son dioses, como otrora, lo eran otros de Crónicas Marcianas, y tantos programas del mismo estilo. Lo amarillista, que siempre cabalga con lo criminal, es endiosado en este país: una putada demasiado realista, y enclavada, en lo real. ¿Tenemos desde la televisión española algún modelo moral? Espero sus respuestas, la mía es NO.

En un pub una chica le quitaba la copa a un amigo, y al pillarla, se exculpaba con la desfachatez de una mentirosa que mantiene el tipo, con la caradura en cada palabra; además, su amigo agrega: "bueno, es que buscábamos solidaridad".

Por otro lado, para encontrar habitación debes conocer a un sinfín de corruptos y corruptas endémicas. Morralla que realquila habitaciones sin permiso de la dueña, casas que son un posadero de la Edad Media, algún chiscón de ventana tabicada, y algún mugriento moral que alquila una habitación donde sólo cabe una cama, y después, renta una sala de estudio, aparte. ¿Crees que el camarero que trabaja para el jefe no se lleva la pata de jamón para el caldo de casa o no se las toma a escondidas, y de forma directa, del barril?

Así, en España, la sociedad criminaliza a los morales por ser aburridos, y enaltece a los amorales, por tener los cojones para conquistar y violar lo del otro. En esta nación, si se comete un acto de injusticia la gente se calla, o da la razón al que tiene la fuerza, y la mayoría, lo graba en el móvil como forma de divertimento. La camarera sirve, con el rubor decapitado, la copichuela infecta y adulterada al maltratador de mujeres; el empleado de casa de apuestas engancha con verbos satánicos al ludópata exánime que deja a sus hijos hambrientos en el hogar.

Y aunque me tachen de nihilista, tengo una solución para la corrupción muy sencilla. Si una aristocracia nihilista que amase más el cumplimiento de la ley que el soborno, que se conformase con los churros con chocolate y un televisor mediano, que odiase los yates, viajar por el mundo, los coches, el oro, y los discursos de masas, que sólo exhortan la chulería del madrileño medio xenófobo, entonces, habría un hálito de esperanza. Siempre que se hiciese con el mando un grupo de no-intelectuales, que refugiados en el nihilismo, fueran pirómanos de toda violencia, y tuvieran un carácter antisocial, habría esperanza. Y si además, ese grupo, no se dejase perturbar por la ideología (fuera la que fuera), habría algún principio de salvación.

La medida a tomar sería clara: 30 años de cárcel para todo corrupto, sin reducir ni un día de la misma, ni con buen comportamiento, sólo en el caso de que devolviera más del 50% de lo robado, y mostrase un arrepentimiento verificado por el mejor grupo de psicólogos, criminólogos y psicoanalistas, podría rebajársele algo. Para los asesinos lo tendría claro: cadena perpetua.

Sin castigo, desgraciadamente, no se puede frenar a los delincuentes. Si en España los delincuentes internacionales campan las calles con músicas estridentes, es porque conocen la ley, y saben, que es más indulgente que la francesa, la alemana o la británica. Haz que la ley sea un cachondeo y el suelo público se atiborrará de criminales, es una causa-efecto de Primaria. Ahora, mi planteamiento podría provocar una dictadura encubierta, el humano mediterráneo es así, pero aunque utópica es mi posición, es muy posible. Sin embargo, el Sistema, ese grupo oscuro y todopoderoso tiene demasiada hegemonía: el fútbol, la telebasura, el pornoteatro y el cinebasura hace el resto. Pero, yo trataré de humanizar conciencias, como el mutilado que vocea su dolor en el metro ante oídos de corazón enclaustrado.

La mayoría de los españoles son corruptos, con la diferencia, de que no todos tienen el poder para robar lo que sólo los clanes cercanos al poder político y sindicalista, sí pueden. La cultura ha creado una forma de vida donde para sobrevivir hay que robar, aunque el mayor ladrón es el estado, con su escudo dibujado por cuarteles coercitivos. El mecánico roba al fontanero, el abogado al médico, y éste, a su vez, a la limpiadora, quien roba al arquitecto, quien es robado por el maestro. 

En este sentido, yo te digo que la mayoría de la gente es miserable y mala, por eso debes hacer lo siguiente: luchar por esos detalles que te darán los buenos, que son la minoría, y llevar tu vida con egoísmo, y además, con nihilismo, para purificar todo lo contaminado que irradia el Sistema. Si crees, tan sólo un instante, que el cambio es posible, como las nuevas iniciativas que el Sistema ha cocinado bajo nuevas máscaras e ideas, entonces, querido y querida, estás muerto. Nadie va a cambiar nuestro clima, y nadie va a derribar a esta cultura sádica española: donde para besar la gloria has de ser un impúdico referencial, donde el infantilismo siempre vence, donde la apariencia está por encima del ser en sí, donde la honestidad es pateada al ostracismo, y donde el criminal, es el sujeto siempre ascendido a los cielos.


¿Cuál es el objetivo de la ideología?



Karl Marx ya decía que el nacionalismo es el invento de la burguesía para dividir al proletariado.

Asimismo, un grupo misterioso, con la inteligencia y la frialdad de Hannibal Lecter, ha creado algo de lo que debes estar sometido para ser sujeto social consciente: la ideología. 

Afortunadamente, yo soy nihilista, y por tanto, apolítico. y esto no quiere decir que sea un técnico de nada, ni que mire las cosas desde fuera, esto quiere decir, simplemente, que no me trago un cuento que ha sido creado por los clanes sombríos que gobiernan todo desde la sombra, ésos, que han secuestrado el inconsciente social, con un coeficiente intelectual de 180 y un alma caníbal. Para mí ser oscuro o nihilista no me encierra en ninguna ideología, sólo me hace desvalorizar el mundo circundante pues, todo, es un inmenso montaje. Aunque, quizás, tampoco debería ser nihilista.

Pero la pregunta es: ¿Cuál es el objetivo de la ideología? ¿Y por qué tengo que pertenecer a alguna? 

Sin la ideología los gobernantes del mundo no tendrían el poder para hacer que la gente se matase entre sí. Las ideas deben enfrentarse; deben matarse entre ellas a través de las personas. Por mi ideología se justifica hasta la violencia más atroz y cobarde: así son. La ideología es lo que permite a determinados sujetos trabajar para el sistema genocida, el que se oculta detrás, y con ello, obtener cuantiosas dosis de dinero y de fama. Sin la ideología, no se podría alienar al individuo; ni someterlo, a una serie de dogmas que le domeñan la mente.

La historia nos dice que el sistema asesino del nazismo cayó, pero hubo otro que siguió, el soviético, encabezado por Stalin. Realmente quien apoye a Stalin es proasesino, sádico o ignorante en historia; pero se le admira en grandes círculos de la izquierda. Se sabe mucho de las matanzas de Hitler, masacró a 70 millones de personas, pero de Stalin, y su genocidio psicótico, se habla muy poco. Y el georgiano mató más que Hitler, por ejecución directa o hambre.

Harían falta decenas de documentales para explicar todo su sistema homicida de un terror inmedible, destacando, las 7 millones de personas asesinadas por hambruna en Ucrania, entre 1932 y 1933; en sólo un año: la mitad, niños. Los ucranianos lo llamaron Holodomor: exterminación por hambre. Llegaron a enterrar a la gente viva, en algunos casos. Les arrebataron hasta la última migaja de trigo y Stalin colocó a su policía secreta en las fronteras para evitar su huida.

Todo ello, sin olvidar las purgas políticas, con casi 3 millones de muertos a lo largo de toda la década de los años 30. Además, debemos comentar al Gulag torturador, que dejó decenas de millones de muertos, por frío, inanición o ejecución, donde se esclavizó a otras decenas de millones, con el trabajo más inhumano, y se violaba a las mujeres, todas ellas repartidas por los militares de alto rango. La gente desaparecía de sus casas por obra de la policía secreta, y nunca regresaba; los campesinos llegaban hambrientos a las ciudades y morían como ratas en la acera: 9 millones de personas morirían de inanición por el terror estalinista.

Stalin era un tipo que en 1934 hizo un congreso con 1.200 delegados venerándole, y entre el gulag y la pena de muerte, se quitó de en medio a 1108 entes. Como bien me recalcó una amiga rusa: "Stalin fue un Hitler contra su propia gente". Todo aquél que fuera contrario al régimen, o era asesinado, o llevado a los campos de concentración, y muchas veces, incluso, sin haber hecho nada, siendo inocente de toda acusación. Stalin dijo que la gratitud era una enfermedad de los perros, cuando contestó a un compañero de régimen que había custodiado su vida durante 20 años, y al que asesinó fríamente. Además, dijo que matar a un hombre era un asesinato pero a 1 millón una estadística. Stalin mandó asesinar a niños-vagabundos, que huérfanos, estaban tirados por las calles de las ciudades, sobre todo en Moscú, siempre que tuvieran la edad mínima de 12 años. Desgraciadamente, sólo los asesinos escriben la historia.

El sistema de entonces alimentó la sevicia más infrahumana para aterrar, y todo conducido desde una ideología u otra. El nazismo masacró, desde una ideología de raza superior inventada, a 6 millones de judíos, quienes después, servirían la muerte a los palestinos. El ciclo nunca se detiene, nadie puede tener principios.

De este modo, la ideología nazi y la soviética, promovida por Hitler y Stalin, son la misma basura, y es increíble, que esas posiciones siguen teniendo vigencia hoy. En 1939, el Pacto Ribbentrop-Mólotov significó la unión entre Stalin y Hitler, quienes se repartieron por la mitad a la invadida Polonia, incoando un régimen de terror, desde dos ángulos distintos, pero con el mismo componente sádico.

La ideología que uno cree portar en su cabeza sólo le somete a un credo que ha sido inventado por un psicópata que se ha hecho rico matando y robando con la creación de la misma, instrumento capital, para dirimir a la gente de un pueblo para que se odie y se mate. "Yo soy antifascista", dice un sujeto en un bar, ¿y por qué? Si antifascista quiere decir que no tienes personalidad propia y que has de negar el discurso del otro, pues no tienes uno propio,y eso te hace ser persona social, entonces, sólo eres la negación que hay en el yo ajeno, e implícitamente, atezas tu discurso propio. ¿Quién te convierte en antifascista? ¿Quién te lleva a esa trinchera? ¿Ser antifascista te hace ser tolerante o te conduce a la agresión de lo que consideras fascista? ¿Agredir no sería fascismo o te escudas en el derecho de agresión contra lo que crees inhumano bajo un pensamiento que te han inducido? A esa trinchera sólo te lleva el sistema, el que gobierna en la sombra, el que creó la ideología. Tú no eres más que un borrego a su servicio.

¿Se imaginan una España donde la gente saliera a quemar todos los símbolos de ideología? Entonces... ¿cómo podría dominarnos el sistema? Lo tendrían muy jodido. El sistema tiene claro que todo el mundo ha de tener ideología, y si no la tienes, entonces eres un marginado social, un psicótico, un nihilista: es decir, basura humanoide. Pero si la gente venciera su mácula interior, la inoculada por el sistema regicida, y saliese a la calle a decir: !Adiós ideología!, el sistema temblaría. Pero encima, algunos pobres de la debilidad y el escaso trabajo de inconsciente, verborrea que no somos nadie sin ideología: quizás sea la frase del que vive por y para el sistema, pero no, es de alguien a quien le han hecho tragar esa sentencia desde la infancia.

En España hay grupos de extrema derecha y de extrema izquierda, curiosamente, formados en las zonas más indigentes de la urbe. Ve a un barrio rico y verás como no hay ningún extremista psicópata, porque lo que quieren es que la gente más pobre se mate entre sí y, sobre todo, no se agrupe para exigir derechos a las clases medias y altas. ¿Y para qué esa ideología? ¿Para dar palizas a inocentes?, o ¿para exorar justicia social bajo siglas que trabajan para el sistema y cobran del mismo?

Nietzsche, en su crítica contra el idealismo trató de salvar a la humanidad de la catástrofe. Señaló a la perfección como el anarquista era un decadente. Rubricó, como la ideología era fruto del sentimiento de venganza y del resentimiento; definió como los ideólogos eran como los cristianos, pero desde otra lectura cognitiva. Y nadie le hizo caso.

En España y Europa, algunos y algunas, están muy pendientes de la ideología. Creen que ahí está la clave, sin saber, que ese símbolo o dogma es el que les esclaviza. Los dueños del mundo no tienen ideología, sólo conocen de fuerza y poder. Ahora bien, los pastores de la ideología mediáticos, es decir: periodistas, políticos, jueces y catedráticos reconocidos en los medios de masas, sí necesitan a la ideología, porque predicando la misma, se suben a la cúspide de lo social, al trabajar para el sistema asesino que maquina desde la caverna, y así, consiguen el Alto Poder, la fama para hilar y deshilar al vestido de la potestad; y por supuesto, el dinero y el estatus social anhelado. 

El Sistema cede a estos bufones, débiles nietzscheanos: entes frágiles y corruptos que ocupan la posición de los fuertes (los nobles y los decentes que no se venden al sistema, predicando sin ideología) para apoderarse de la mayor parte del pastel que les adjudica el Sistema, con la única misión de disuadir el imaginario colectivo. Y estos débiles nietzscheanos, que imperan en la cultura dominante, y gobiernan todo el círculo mediático desde su voz, son los que encarcelan o destierran a los fuertes nietzscheanos, que en su no-ideología, tratan de liberar al ser humano, y como recompensa, son orinados y etiquetados como despojo.

No eres un ideólogo sino un humano. Libérate de esos bufones que te quieren a su servicio, que te desprecian y que te quieren secuestrado bajo símbolos que sólo dictaminan un terreno ilusorio, prefabricado, para inmovilizar tu mente, en el interior de un conflicto dibujado por el Sistema, al tiempo que, otros y otras, ascienden a esa cúspide que el Sistema concede al que lucha para su causa.

Ni republicano, ni franquista; tú eres, o rico, o pobre. Asesinar al ideólogo que la cultura trata de imponerte para ser una oveja más, es un objetivo capital, que se aloja en tu inconsciente, y que es directamente proporcional, con las expectativas de libertad y de pensamiento libre que pretendas alcanzar.

Ni una cuchara de tiempo perderemos en esos ideólogos que hablan de la izquierda, la retribución equitativa de los bienes, los pobres y los necesitados, con el único de fin de hacerse famosos, poderosos y ricos, con esas causas que desprecian y que falsean. Y tampoco perderemos decibelios de tiempo, en esos que dicen proteger la libertad, con austeridad e inversiones privadas que ocultan beneficios particulares, y que ensalzan patriotismo, en el mismo segundo en el que venden su nación al extranjero. Yo sí malgastaré mi vida en luchar para desarticular a ese Sistema que gobierna en la clandestinidad, y que porta la ideología, para desdeñar al individuo en un conflicto ilusorio.

viernes, 20 de enero de 2017

El amor sólo es una derivación de la pulsión sexual

Imagen cedida por la actriz Tatyana Suñé,


Antes que Nietzsche, Ludwig Feuerbach, ya notificó la muerte de Dios, y con ella se intentó municionar contra la idea de un padre patriarcal divino que nos protege, y nos dará guarida, cuando hayamos perecido. El designio de Dios es una invención del hombre incapacitado para enfrentarse al dolor, la enfermedad y la muerte. El hombre inventó a su Dios, como ente suprahumano que ampara, vigila y dará vida eterna tras la sepultura: fantasía de hombres.
Ahora bien, en verdad, no es la idea de Dios la que inventamos sino la idea del amor en sí. Todo nuestro mundo interior y exterior está mallado por esa idea falsaria que une nuestras vidas en colectividad: el amor. El amor, de valor intangible y fantasmal penetra en nuestros pensamientos como la única certeza de nuestra existencia. Sin el amor el ser humano no podría vivir, no podría ser humano, no podría zanquear por la vereda, nutrir su organismo o apreciar auroras. Y no por ello, no porque no seamos capaces de vivir sin él quiere decir que sea cierto.
Nietzsche, en Aurora, expresa:

"Éste está vacío, y querría estar lleno; aquél está rebosando, y querría vaciarse; ambos se sienten impulsados a buscar un individuo que les ayude a realizar su fin. Este fenómeno, interpretado en un sentido superior, lleva en ambos casos el mismo nombre: "Amor". ¿Cómo? ¿Será el amor algo desprovisto de egoísmo?"


La mentira ha prohijado a una bastarda llamada fábula que serpea por nuestras vidas en cada acción, cada palabra intercambiada, cada aliento mutualizado. Y en todas esas situaciones, se aviva la idea del amor, como veracidad universal suprema que reside en el corazón de todos los seres humanos, donde aquéllos que sienten odio es porque han carbonizado el amor, reflejando la praxis, de que el odio es un amor chamuscado, producto de un dolor, a veces, inexpresable.
El amor es una fijación neurótica en el otro, quien tiene que donarnos con su mirada y dedicación, la verdad metafísica que alberga la pureza de nuestras entrañas. El amor es el hilo de saliva enmascarado en aliento que nos une al otro humano, pero… ¿es algo que parte de lo real o de lo imaginario?
La industria del cine, la publicidad, la televisión e Internet, junto al sistema político y judicial, ha promovido el amor como elemento unificador, como valor superlativo que rige al único motor de nuestras vidas. La frase típica: Vivimos para amar. Con el concepto de amor un partido político gana unas elecciones, se conquista a una chica para una noche, se logra un trabajo, se vive de la chequera materna, se cree en un Dios o en una iglesia, se tiene fe en una ideología, se tranquiliza nuestra mente en el vacío, se abriga a la desesperación en la frialdad de la soledumbre. El amor es un potenciómetro enrojecido por el ingente voltaje.
El amor se inicia en nuestra madre, quien nos da la vida y parece vivir sólo para nosotros, pero dicha reflexión es quimérica, nuestra madre no nos ama sino que se afianza en un estado de posesión infernal cuando salimos de su cuerpo, y cree que esa nueva materia corpórea, nosotros, somos parte de sus entrañas, por lo tanto, no nos ama sino que siente una tenencia enfermiza por nuestro cuerpo, ella enjuicia, que nosotros no somos un ente independiente, sino parte de ella, de ahí, su obsesión desvirtuada en amor.
El amor se ramifica en distintas estructuras: familia, sistema educativo, sociedad, amigos y parejas sentimentales. Para mí, en todo ellos es artificioso. El amor siempre mantiene una lazada de interés. Sin interés no hay amor. Hay quienes ven una película romántica y lloran, y después ven mutilados en el metro y les importan una puta mierda.
Pero si hay un tipo de amor falsario, el más impostor de todos, es el amor de pareja. Ese amor no es más que una derivación de la pulsión sexual; sin pulsión sexual no hay amor. Cuando vemos las escenas de largometraje con una música extradiegética nostálgica, donde dos seres humanos que entrecruzan sus dedos y clavetean sus pupilas elucidan, explicita o implícitamente, que allí hay amor, lo que se esconde en el espectro del aliento sin nombre es que lo que se está produciendo en esa escena es la ejecución de una pulsión sexual entre dos sujetos. Sin atracción sexual no hay amor, lo siento pero es así. La pujanza sexual que se vierte en nuestros sentidos, declara, si hay gravitación sexual o no, y en caso de que la haya, entonces, podrá consumarse eso que vulgarmente se llama amor.
Cuando un ser testifica su amor y es rechazado es porque la otra persona no siente nada en lo sexual hacia ese enamorado. La relaciones se diluyen porque la atracción sexual se desvanece, y si hay relatos de amor que permanecen son por otras circunstancias, tales como: la creación de un núcleo familiar, la necesidad de compañía, el miedo a la soledad, el deseo de permanecer con alguien, la desidia espiritual, el miedo a llevar una vida salvaje que cercene a la comodidad vital de tu narratología interior… etc.

Nietzsche, en Aurora, nos testifica acerca del amor:


"Los hombres hablan del amor con tanto énfasis y tal adoración porque nunca han tropezado con mucha cantidad de él y no han podido hartarse jamás de este manjar; así es como ha llegado a convertirse para ellos en ambrosía, en un manjar divino. Si un poeta quisiera presentar realizada la utopía del amor universal de los hombres, tendría que describir un estado tan atroz y ridículo como jamás se vio en el mundo; cada uno se vería acosado e importunado, no por un solo amigo, como sucede ahora, sino por millares, por todo el mundo, gracias a esa inclinación irresistible, que sería entonces tan maldecida e insultada como el egoísmo por la humanidad antigua. Los poetas de esta nueva, si les dejaba tiempo para componer sus obras, no harían más que soñar con aquel pasado dichoso sin amor, con el divino egoísmo, con la soledad que antaño era posible en la tierra, con la tranquilidad del estado de antipatía, de odio, de desprecio y todos los nombres que puedan darse a la infamia, de la animalidad en que vivimos".
Dios ha muerto dijo Feuerbach antes que Nietzsche. Ambos querían asesinar la idealización que ello representaba, y evitar la flagelación fisiológica del humano en el mundo real por la ilusión de un mundo aparente e inexistente. Pero el problema no era Dios, sino el amor, ese germen inventado por un sistema de conciencia impuesto, que nos unía y nos une a él. Un amor prefabricado que nos une también entre congéneres en nuestro hoy. El amor es el nudo de energía libidinal más potente. Sirve para tener amarrados a toda una humanidad. Los que gobiernan el mundo en la cripta son depredadores sexuales que no sienten amor por nadie, y ellos, son los que han ingeniado el concepto.
Para mí, el amor no ha muerto, porque nunca existió, es una quimera; la putada es que sin él, el 90% de los humanos o humanoides, no podría vivir. Sin amor nadie es capaz de tejer nada ni de moverse hacia algo, sea lo que sea. Pero yo os diré que la aceptación del amor como derivación de la pulsión sexual es la base de todo nihilismo liberador. Las fabulas no son necesarias ni para vivir, ni para soportar la vida; si la vida es insoportable aprenda usted de su crudeza, de su vacío, de su angustia. La persona suprahumana, que ha vencido a la mentira que le cohesiona a este vil mundo gracias a las razones nihilistas y espirituales, ya sea virgen o libidinosa (ninfómano o ninfómana), no debe estar sujeto a patrañas que sólo le atontan.
Aquél y aquélla que llora por amor,  y vive como un estropajo o se suicida por desamor, que se flagela o se atormenta al no sentir el hechizo embustero del enamoramiento, carece de la voluntad para aceptar la verdad: EL AMOR NO EXISTE, ES UNA PURA DERIVACIÓN DE LA PULSIÓN SEXUAL. Lo siento, pero sin atracción de lo sexual no hay amor.
Me gusta, la amo, estoy enamorado… por supuesto, y le quiero meter un pollazo de la hostia… Sin ese pollazo, no hay amor: lo primigenio funda a lo secundario. La pulsión sexual es el epicentro de todo, la cosa en sí; sin esa pulsión, no se puede relatar ningún amor, y por tanto, sentirlo.

miércoles, 18 de enero de 2017

La decadencia femenil: La victoria de Freud en el "Mardi Gras"

Una mujer se desnuda en vía pública en la fiesta del "Mardi Gras" de New Orleans (Estados Unidos).



El sistema del patriarcado ha creado una forma de sociedad en la que hombres y mujeres no están separados por un signo de igualdad. El hombre ha sido enarbolado, por imposición, a un lugar superior, reconocido como ente humano con un fin en sí mismo. Por el contrario, la mujer ha sido desterrada a la posición de objeto, a merced del hombre; como esclava de sus mandatos; sumisa ante sus preceptos intelectuales y físicos.

Es el sistema patriarcal, tanto homosexual como heterosexual, el que ha delineado una colectividad social en la que la mujer debe ser enmarcada como retrato objetal al servicio del hombre, bajo su despotismo y abuso constante; en un espacio, donde ella no ha podido descubrir su propia integridad. Son los hombres los que han fabricado el club del esclavismo, donde stripers lo enseñan todo por un precio determinado, en un averno cerrado para los demandantes viriles del caciquismo. 

Son los hombres quienes han organizado fiestas en donde en una especie de plaza de toros, hay mujeres que por un precio abyecto se despojan de toda su ropa ante una mesnada de febriles varones y la presencia de niños, que maman de ese machismo. Son ellas las que se prostituyen para el lucro masculino y no al revés. 

Freud aseveró que el trasvase de poder de la madre al poder del padre supuso:


“Un triunfo de la espiritualidad sobre la sensualidad, o sea, un progreso de la cultura, pues la maternidad es demostrada por el testimonio de los sentidos, mientras que la paternidad es un supuesto edificado sobre un razonamiento y sobre una premisa. La toma de partido que eleva el proceso del pensar por encima de la percepción sensible se acredita como un paso grávido en consecuencias”.


Freud, el padre del psicoanálisis machista, mantuvo las siguientes ideas acerca de la mujer:“La anatomía es el destino. Incluso la vida sexual de la mujer adulta sigue siendo un continente negro para la psicología. Pero hemos discernido que la niña siente pesadamente la falta de un miembro sexual de igual valor que el masculino, se considera inferiorizada por esa falta, y esa envida de pene da origen a toda una serie de reacciones característicamente femeninas. El cuerpo femenino es una criatura mutilada”.A esta abstracción filosófica misógina, el diccionario psicoanalítico freudiano apuntala:


“Las vicisitudes de la niña son diferentes. Al descubrir la niña la diferencia entre su clítoris –zona erógena rectora de la etapa fálica en la mujer– y el pene, se siente objeto de una injusticia, de una minusvalía que un principio es sentida como un castigo propio, luego se extiende a otras niñas y más tardíamente a la madre y a la mujer en general. La comparación del clítoris con el pene la hace sentirse mutilada, y envidia  ese órgano al niño, del que siente haber sido despojada; esta envidia la impulsa a sofocar rápidamente la masturbación clitoridiana”.


Sigmund Freud nunca nombró a las heroínas de la mitología griega como Atalanta, pero siempre habló del héroe. Siempre consideró a la mujer como un hombre incompleto, como una figura amputada que anhelaba a ese órgano de supremacía: el pene.Fue el médico vienés quien dijo que la mujer era una criatura mutilada. Un planteamiento insondablemente machista, alejado de toda pureza de lo real, una imposición categórica del sistema patriarcal asesino que coadyuvó a la esclavización de la mujer; un delirio masculino que le llevó al poder y a la fama, al jugar las cartas que el clandestino sistema viril y falocéntrico, el que gobernaba, y gobierna, en la sombra, y decide todo cuanto vemos y sentimos, llevaba imponiendo desde milenios.

El sistema homicida que instala a la mujer como objeto, denigra a uno de los géneros, que parte por biología, alma y razón, como igual, en la ecuación humana, con objeto, de aborregar al género masculino generalista y hacerle ver que tiene que comprar a su mujer, amaestrarla, coaccionarla o someterla para que sea de su poder.

En la decadencia más hermética, una fiesta como el Mardi Gras, en New Orleans (EE UU), representa el claro dominio del hombre sobre la mujer. Un carnaval que marca una pauta sociológica de opresión cimentada en el androcentrismo. Freud, ya subrayó en El tabú de la virginidad que la mujer emancipada exteriorizaba siempre, en su liberación como mujer, una aversión a los hombres, pues esa autonomía, suponía una conminación al macho en su altivez, lo que damnificaba su predominio. Por tanto, el sistema patriarcal vendió que la liberación de la mujer se lograría cuando ella se autodegradara a sí misma, y el Mardi Gras, es un ejemplo palmario.Además, en ese mismo escrito, Freud declaró que la mujer, en su inconsciente femenino particular, cree en su inferioridad física pues, en el acto sexual ejecutado en la genealogía de la humanidad, fue subordinada al yugo masculino, de ahí su resquemor, transmitido de forma filogenética.

El régimen androcentrista, que timonea la vida social, se sirvió del machismo freudiano para definir a la mujer como un ser mutilado, bajo la subyugación del arma anatómica de poder: el pene. De ahí, que sea la mujer usada como elemento a cosificarse. Por ello, es la hembra la que debe humillarse a sí misma bajo el arbitrio viril, y es ella, la que enseña los senos en el Mardi Gras, mientras el hombre, aparece como el valor rector, y es él, quien debe  desnudarla, pues él, nunca desviste su integridad humana.

La sociedad estadounidense, valedora de los bienes inhumanos más ignominiosos, edificada bajo un machismo tiránico, recrea esta fiesta como un pilar de diversión y goce fálico: el goce que enarbola la superioridad de los machos frente a las féminas; los cachorros del machismo sistémico. Una fiesta donde mujeres enseñan sus senos, en vía pública, por un collar de plástico que apenas puede valer 50 céntimos. Por supuesto, los hombres no enseñan nada. 

Ellos llevan los collares del baldón sólo para ellas: las explotadas, las seres-objeto del no-ser con las que jugar. ¿50 céntimos para carbonizar tu dignidad humana ante una caterva de cerdos, violadores y pederastas? No tiene sentido, pero la alienación y el embrujo adueña inconscientes libres y los apresa, con toda la violencia necesaria. Una amiga de Detroit me dijo una vez que la mujer enseñaba y el hombre no: “porque el hombre es superior a la mujer”. Los hombres manosean los senos, los succionan, y además, abusan de las más borrachas y drogadas, con violaciones fundadas en una sevicia de carácter infrahumano, en consensos de omisión y aquiescencia, nutridos, por los peores belcebús y los más pusilánimes degenerativos. 

En ese carnaval, las violaciones y los abusos sexuales se disparan.“¿Pero qué tipo de abusos o violaciones va a denunciar una mujer libertina que muestra sus senos y se deja hurgar ante una muchedumbre enferma por un collar de plástico de mierda?” Ésa es la opinión de políticos, jueces y policías, servidores del sistema, que junto a una caterva sociopática llamada: ciudadanía, permiten dichos comportamientos por las colosales cantidades de dinero que genera dicha festividad, y las perversiones que promueve, con un reconocimiento a nivel mundial. El Mardi Gras es semoviente de muchas billeteras.

A diferencia de la estríper o la prostituta que cobra por ofrecer su cuerpo, en esa fiesta, todo es gratis. Los germinadores del feminicidio secuestran el inconsciente feminista, y exponen el cuerpo de la mujer, bajo la tapadera de la diversión, con mensajes patriarcales en los que se expresa que la mujer que no enseña, no es una open mind, y por tanto, es una reprimida. Y ellas, las que muestran sus senos, decadentes ante lo real, ríen en la puerilidad de la esterilidad cognitiva, dejando fregar su dignidad, en la inocencia, que capitaliza violaciones y asesinatos, por los mismos hombres, que quieren pisar, y pisan, la dignidad de ese ser humano ubicado por naturaleza, en el mismo rango que el hombre: la mujer.

La religión, además, también es usada como trampa para la argucia de los sistémicos patriarcales, al mantener, que el Mardi Gras supone el estadio anterior a la Cuaresma y el inicio de la Semana Santa: la época de la castidad y la abstención sexual, para así, justificar, la perversión sexual, el desenfreno y la lujuria, donde sólo unas son destapadas y abusadas, pues los otros, siempre tapados, son los que se aprovechan de ellas.

Freud, uno de los padres supremos de lo falocrático, como general lameglandes del sistema patriarcal, que quiso crear su propia secta psicológica, fundando el psicoanálisis como pseudaciencia, consigue su gran victoria en lo teórico, al ver a la mujer expuesta como objeto inerte ante el hombre en el Mardi Gras.El médico, lleva el machismo a la calle, donde mujeres son engañadas bajo la mano peluda de los machos, creyendo, que por mostrar y dejarse tocar sus propios pechos, degradando su propia integridad, por un ruin collar de plástico, en calles donde depravados sexuales alquilan balcones, y los lanzan de los mismos, o exhibiéndose en la propia acera, van a conseguir ser liberales y se van a destrabar de sus represiones sexuales, sin saber, que con esos actos financian al sistema patriarcal asesino, y rubrican aserción, a los pensamientos freudianos del machismo, donde la mujer era un ser inferior bajo el dominio viril, poseedor del órgano sexual todopoderoso: únicamente por tamaño.

¿De dónde sale la sevicia sexual hacia las mujeres? ¿Qué supone para una mujer el hacer mamading por alcohol en Mallorca? ¿Qué reflecta una mujer destetada en lo sanfermines ante una miríada de psicópatas que se ríen y manosean a la drogada o desviada? ¿Qué simbolizan las fiestas universitarias de camisetas mojadas para chicas voluptuosas? ¿Qué significa que una mujer muestre sus senos y se deje restregar por viriles vesánicos por un collar de plástico en el Mardi Gras de New Orleans? La elucidación es muy límpida: significa suscribir el machismo definido como pseudociencia bajo el aliento fétido de Freud, en el que la mujer no es un ser humano con un fin en sí mismo, al igual que el hombre, sino que se establece, bajo precepto dogmático, como unidad gregaria, como subhombre, como ente segundón, débil y dependiente; como objeto del varón, al servicio del sistema patriarcal esclavizador de mujeres.

La mujer que muestra sus senos en el Mardi Gras define su decrepitud, aceptando un juego cuyas reglas masculinas notifican: que es la mujer la que se tiene que doblegar en público, y no, el hombre. Esta mujer caligrafía su autosupresión de entidad humana, como figura que se siente castrada, y por tanto, inferior, por exhibirse en la festividad de las reglas masculinas falocráticas, aseverando su servilismo al no tener eso que el hombre sí tiene: el pene; ese órgano que define la hegemonía masculina. Y es, en ese sentido, donde el machismo freudiano obtiene su gran victoria.

lunes, 16 de enero de 2017

Calientapollas VS Calientaconchas





La RAE ha insertado en nuestro léxico sistémico el termino calientapollas para designar a esa clase de mujeres que galantean una minifalda, saborean la cera carmín y lucen un escote desbocado para seducir al hombre, con una prosodia y unos vocablos insinuantes que, persiguen el fin de excitarlo para no rematar la jugada con un acto sexual, y así, dejarle con el calentón encima y la frustración sexual.

Así define la RAE el término calientapollas: "Persona que excita sexualmente a un hombre sin intención de satisfacerlo". La RAE asevera que tiene la misión de inyectar en nuestro vocabulario todos los términos que están presentes en la vida social, y es sabido, que la televisión y el cine promueven a ese arquetipo de mujer que hechiza y provoca erecciones pero que luego se niega a follar por los motivos que sean, de forma muy profusa. Esa mujer existe y yo no lo niego. Ahora bien, lo que sí pongo en duda es por qué no se tiene en cuenta el otro caso: en el que es el hombre el que caldea a la vagina de la fémina para después no liquidar la seducción con la penetración o la práctica sexual que se requiera. Los hombres también calientan a las mujeres, son sinuosos muchas veces, y en muchas ocasiones, retozan con el erotismo verbal para después no clavetear en la matriz.

El hombre también juega con la añagaza para arder el deseo sexual de ella y finalizar la jugada con el bálano en el taparrabos, pero claro, la RAE no incrusta el término de calientaconchas, elucidando que esa situación no se da en la vida social de nosotros y nosotras. Por lo tanto, la RAE tiene el poder, bajo el influjo del sistema oscurantista, de alzaprimar que vocablo debe ser encestado en nuestra jábega terminológica y cuál no, y no en función de su presencia en la vida comunitaria sino de la hegemonía de género que se pretenda imponer.

En la vida hay tías calientapollas y tíos calientaconchas, la diferencia es que la primera palabra está en nuestra RAE, la puedes usar con total tranquilidad, pero la segunda, no ha sido insertada, con el subterfugio de que la acción que determina no se produce apenas en nuestra cotidianidad diaria, por lo tanto, la tienes que poner en cursiva porque es un neologismo, no existe para la ciencia académica, es un vocablo marginal.

Algo sé yo de lo académico, y es que su única finalidad es la de trabajar para empequeñecer tu mente, tu dignidad y tu orgullo. En su alfilerazo se halla la estructuración salvaje de la sumisión de ánima. No dudo para nada que es la palabra la que asesina primero, antes que la violación, la agresión y el asesinato. Las palabras constriñen nuestro mundo circundante, y unos aristócratas, al servicio del sistema oscuro, nos señala cuáles son válidas y cuáles no, como forma de sistematizar la colectividad normativa civil, y ésa es mi crítica, dirigida hacia aquéllos que falsean lo real, cercenan nuestro imaginario y se atrincheran en la coerción simbólica mediante palabras virulentas que sólo sirven para enaltecer una dialéctica sexual por encima de otra.

Hay hombres calientaconchas, somos un gran porcentaje, la mayor parte de los hombres alguna vez en su vida lo ha sido, y por ello, debería estar ese término registrado por la RAE, pero no es así, y no porque sean reaccionarios nuestros reyes lexicones sino porque ellos trabajan para la disimetría de poder, y digo ellos, porque el 80% de los de la RAE son varones.