Miguel Blesa y José María Aznar representan al elegido y al elector. La Dedocracia más abyecta.
Entre 2008 y 2014 los gerifaltes de España por orden del Sistema, poder real cobijado en la clandestinidad, engrosaron 46.000 millones de euros a la carterista banca española, provocando que el déficit aumentara un 4,4 % del Producto Interior Bruto; igual pensaban que la adquisición del dinero negro del narcotráfico, que llega desde Andalucía y Galicia, sumado al del tráfico de armas y al de prostitución podía paliar la cosa, pero no parece que haya sido así.
Aznar, jefe de contratación de personal, decadente, colocó a dedo a Miguel Blesa al frente de Caja Madrid: un ejemplo de la ruinosa dedocracia que ha convertido a España en una gangrena sempiterna donde delincuentes de caja fuerte y maletín de piel han saqueado el país.
Así, Blesa compró un banco (Banco de Florida) por valor de 867 millones de euros, una minucia... Lo hizo en 2008, y en 2013, Bankia, la nueva Caja Madrid fusionada con otras cajas, lo vendió a los chilenos por 685 millones: un fiasco que pondría en la calle a cualquier persona honesta.
Al final, Blesa entra en la cárcel y en menos de 24 horas sale a la calle tras pagar una fianza de 2,5 millones de euros. Podrían haberla puesto en 25 millones y seguro que habría podido pagarla también.
Ahora bien, es curioso que un tipo capaz de comprar un banco por 867 millones de euros, que según muchos expertos fue tres veces superior a su precio real salga a la calle con una fianza de 2,5 millones de euros... Operaciones de centenas y cauciones en unidades, algo no cuadra.
La justicia en España sigue lo útil para sus intereses, no lo justo. Quizás, si los alfiles y los caballos del gran robo son condenados a la cadena perpetua o dos decenios de cárcel, muchos, no pondrían la cara para zarpar la mantequilla del tarro con los dedos desnudos.
Blesa, incompetente natural y desvergonzado genético, fue cribado por Aznar precisamente para ello. "Yo tampoco tengo culpa de haber escogido a un escombro intelectual al frente de un banco de máximo poder", pensará él, o quizás, algún votante derechista de creencia ciega. No hay mejor cosa para el despilfarro y la impudicia que poner a supuestos bobos al mando de operaciones de gran calado, que además, implican, directamente, a la madre patria: Estados Unidos.
Así, Blesa hizo otras cosas de lumen perdulario como soltar 3.000 millones de condominios preferentes que fueron cazados por 300.000 ahorradores incrédulos que creyeron en un Sistema que no hace más que desplumarles: ¿Quién puede creer en un banco cuyo pilar cardinal está fundamentado en el robo? ¿Quién puede creer en la palabra de un banquero, obrero de un Sistema de latrocinio? Años después, el 70% del capital inyectado por parte de los inversores se ha perdido. Y curiosamente, el 43% de esa gente es mayor de 65 años. Dentro de 50 años, con la llegada de la Tercera Guerra Mundial, y el barrido casi total que harán en todo el planeta, estas cosas lo solucionarán con una eutanasia generalizada...
Asimismo, Aznar tuvo claro a quién poner como mandatario cuentacorrentista, y si le preguntan por el tema, años subsiguientes, acerca del saqueo de la banca del oso verde, pues dirá que son errores... De hecho, dijo explícitamente sobre Blesa:
"Siempre le he tenido y le tengo por persona capaz y competente. Cualquier persona en el ejercicio de una actividad puede tener aciertos o errores. Pero yo no he visto en ningún caso, en ningún momento, en ningún sitio, que haya sido acusado de cometer ningún delito".
¿Errores? Errores que nos conducen al sumidero de la pobreza mientras los poderosos se hicieron millonarios. Errores que al ciudadano libre le hacen pensar que quien se mete en esas operaciones será porque algo querrá llevarse...
Al final, lo que pasa es que los que trabajan para el Sistema son lo fuertes de la sociedad. Están colocados por dedocracia, no, porque sean fuertes. Y esto quiere decir, que con fianzas pobres salen de las cárceles, sus causas se archivan; y todo queda en un mal entendido, en un error, en un fracaso sin tentativa maligna, en una mala gestión... en un colapso que no podía ser previsto con anterioridad: por ignorancia, accidente lacónico o falta de intelección y reflexión en las consecuencias terminantes.
Los pobres a pasar hambre, y si roban 1.000 euros a Hacienda al calabozo sin menor dilación. La justicia, que en su base dicta lo moral y lo inmoral, ha sembrado una sociedad para ajusticiar a los pobres guareciendo a los ricos, y para ello, se urbaniza un modelo social de débiles y fuertes en el que el 75% de los primeros es aplastado por los segundos. ¿Algún juez pisará algún día la cárcel? Probablemente es que nuestros jueces españoles están hechizados por la santidad, y ni uno ha besado un cohecho: ni de grandes empresarios, ni de grandes sindicalistas, ni de portamesalinas, ni de pasadores de coca y hachís; mucho menos, de políticos, presidentes de fútbol, monarcas, faraones de los servicios secretos o asesinos.
Finalmente, lo que está claro es que este país está cebado por la putrefacción amarilla. Es un cenagal del alto robo y de la impunidad para el mismo. Y todo está amurallado por la pasión roja que encierra a lo amarillo en dos frentes, degollando cualquier escapatoria.
La dedocracia es el trastorno mortal de una sociedad enferma, por contra, la consecución de un puesto por meritocracia es su desinfección más veloz.
Matemos a la dedocracia y podremos salvar parte de este país ulcerado por unos fuertes, que sin la menor gallardía o personalidad, ocupan el lugar del fuerte inmerecidamente, y en vez de ir al Hades, dominan a los débiles (al pueblo llano inmóvil). Qué triste... Todo se ha subvertido, pues los débiles son los que gobiernan y se sientan en la silla del fuerte. Pero el pueblo, que está en el fango por falta de lucha y cultura camina ciego de alma. Y todo, sin olvidar como los poderosos han encadenado a Zeus y Hera, pues se han colocado sobre la moral y lo inmoral, barriendo cualquier principio, con la conquista de la amoralidad; salvaguardando a sus súbditos, y enchironando, a los que choran para atocinar un cuerpo famélico.

















