Cartagena es un municipio de la provincia de Murcia y de la Región de Murcia que, por su pasado épico, cartaginés y romano, siempre reclamó su independencia de los murcianos, pues algunos cartageneros, sintieron y sienten ser de una raza aparte, aunque la sangre y la fonología sea la misma con respecto al resto de la tierra murciana.
Los nacionalistas cartageneros siempre manifestaron que Murcia les había robado su historia y tenía sometida a Cartagena en la deshonra de ser un simple municipio como Ojós, un municipio del Valle de Ricote, en el norte de Murcia, que ni tiene 600 habitantes, cuando Cartagena tiene casi 220.000 seres humanos en su cabildo.
Partido independentista cartagenero.
El Partido Cantonal de Cartagena lo tiene claro: Cartagena merece ser una provincia marítima por su historia, por su puerto, por su poder militar, su turismo, su naturaleza y su industria. Pero la independencia que Albacete logró de Murcia o que Madrid consiguió para ser una comunidad autónoma independiente no parece que sea para los hijos del cartaginés Asdrúbal el Bello.
Eso sí, debemos recalcar que los cartageneros no han recurrido al terrorismo contra los murcianos, algo que los independentistas vascos sí hicieron contra el Reino de España desde el brazo psicótico de los asesinos de ETA. Una cosa es demandar ser una provincia y otra es reivindicar una nación.
Aunque debemos señalar que los cartageneros tienen su propio mapa de independencia en el que seducirían a una serie de municipios anexos para que se anudaran junto al municipio de Cartagena en la formación de una provincia independiente de Murcia.
Si Cartagena llegara a ser provincia, cosa improbable, seguiría ligada a la Región de Murcia. Murcia, con 450.000 habitantes, es la ciudad capitalina de mayor poder gubernativo de todo el territorio.
Los nacionalistas pretenden unir el Campo de Cartagena con el Mar Menor para formar una provincia autónoma.
Éste sería el territorio de la nueva provincia de Cartagena, delimitado en el gran Campo de Cartagena.
Aunque algunas voces con gritos de avidez pretenden unir también al municipio de Mazarrón, algo que divide a separatistas cartageneros. Lo que sí es claro es que el primer municipio a conquistar es La Unión, de casi 20.000 ciudadanos que logró en 1860 su separación de Cartagena. A este territorio se sumarían Fuente Álamo (16.000 habitantes), Torre Pacheco (34.000 habitantes); y las alcaldías costeras de Los Alcázares (15.000 habitantes), San Javier (32.000 habitantes) y San Pedro del Pinatar (25.000 habitantes): 127.000 habitantes que se sumarían a los casi 220.000 del concejo de Cartagena. Una provincia de casi 350.000 personas.
Éste sería el enclave de la utópica provincia de Cartagena. Un sueño de nacionalistas, de segregacionistas perversos.
Y no será que no hay fanáticos que no lo exijan... Esta pancarta luce en el estadio Cartagonova del equipo de fútbol de la ciudad portuaria.
La masa social se refugia en el patriotismo de las banderas para glorificar un orgullo que sólo lleva al odio y a la miseria extremista.
José López que llegó a la alcadía de Cartagena en 2015, con su partido político, Movimiento Ciudadano, espetó en 2016 que Cartagena se anexionaría a Almería o Alicante si su tierra no era reconocida como provincia independiente de la potencia murciana. De hecho, este mandatario levantó la bandera secesionista cartagenera en el ayuntamiento, 142 años después, rememorando la independencia del Cantón de Cartagena del resto del Estado español durante 185 días, suceso acaecido en la Primera República Española, en 1873, y que finalizó con un asedio militar cruento.
José López que será alcalde de Cartagena por valor de dos años, media legislatura, llegó al poder con el apoyo de sus cinco ediles de MC, Movimiento Ciudadano; el visto bueno de seis ediles del PSOE, que tendrá que colocar a su máxima dirigente, al frente del municipio, los dos últimos años de legislatura; y el sustentáculo de Podemos, con tres ediles, a través de su plataforma encubierta Cartagena Sí Se Puede. Este hombre tuvo claro que para ser importante en política hay que ser nacionalista, excéntrico y patibulario: de ahí su demanda pancartagenera.
Asimismo, lo que debemos celebrar es que Cartagena nunca usó medios terroristas contra Murcia. No hubo disparos ni coches-bomba, ni secuestros, ni extorsiones, ni pistoleros andantes. Lo que sí hubo es gamberrismo de calle cuando quemaron la sede de la Asamblea Regional en 1992, con el lanzamiento de un cóctel molotov, pero ese acto fue protagonizado por la revuelta de trabajadores de la minería, la metalurgia y currantes de astillero, que ante Murcia querían defender su trabajo.
No hubo actos terroristas ni contra personas, ni contra bienes materiales, de los independentistas cartageneros hacia Murcia.
Para ello, habría que remontarse a 1873, cuando se fundó la Primera República. Cartagena declaró su independencia de España y pidió unirse a Estados Unidos, que jamás contestó a su petición. El 12 de julio una bandera roja, enorme, de tela, se alzó en el castillo de San Julián y se bautizó el Cantón de Cartagena, síntoma del nacionalismo genético de las gentes costeras. El cantonalismo cartagenero estuvo 185 días viviendo como estado independiente de España hasta que el ejército español republicano arrinconó a Cartagena por tierra y mar, y sus sueños soberanistas fueron decapitados: una intentona de independencia fallida. El resultado fue: miles de muertos, 300 edificios despedazados y 2.000 con grandes roturas. Sólo 30 edificaciones no fueron alcanzadas por los bombardeos del Estado español; con el lanzamiento de 1.000 proyectiles al día quedaba claro que la derrota era matemática.
Asimismo, el Partido Cantonal volvió al poder en Cartagena 100 años después, entre 1987 y 1991, en plena ebullición militar de ETA, en su agresión sádica contra civiles españoles; policías y militares. Pero los escisionistas cartageneros nunca abrazaron el lenguaje del terror de las armas. De hecho, sería en 1990, con el Partido Cantonal en el poder, cuando los etarras explosionarían un coche bomba en Cartagena que se oiría en un radio de 20 kilómetros, en la casa cuartel de la Guardia Civil, sin provocar ninguna muerte aunque sí 17 heridos y cuantiosos daños materiales. Un atentado que pudo ser una masacre por el bombazo del vehículo cargado con 80 kilos de explosivo y metralla.
Imágenes del atentado de ETA contra la casa cuartel de la Guardia Civil de Cartagena en 1990.
Murcia jamás le arrebató la historia a Cartagena. Carthago Nova fue una ciudad histórica de las más influyentes de Hispania, pero Cartagena, es un municipio importante, con el principal puerto militar de España, pero no es nada más que eso: un municipio. El pasado rico no garantiza un presente luminoso, y Murcia, desde la Taifa de Murcia y el Reino de Murcia, desarrolló su propia historia, no robó nada a nadie.
El pancartagenerismo sólo es un avispero de pillaje, oportunismo de acaudalados, sembradura intangible de odio, plantación de vanidades varias, enlodamiento en orgullos miserables, fabricación ruin de prepotencias insanas y génesis de prostituciones intelectuales de carácter histórico. Es decir, maniobras políticas de quienes, bajo beneficios particulares, quieren absorber el imaginario dominante, con el azote de banderas, que en nada purifican la espiritualidad interior, salvo el engordamiento de la billetera particular del sediento de poder y fama.
Sólo debemos celebrar que nunca existiera terrorismo cantonalista de los independentistas cartageneros contra los murcianos.










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