viernes, 28 de abril de 2017

Malnutrición infantil en España





En España hay hambre, y sobre todo, tiene rostro de niño. El sistema es luciferino, cuando algunos tiran platos de comida a la basura, mientras otros, tienen una cuchara deshabitada de grano que llevarse a la boca. La gente mira para otra parte, mientras no te incendie la penuria poco le importa que a otro le pase. Sólo el desahuciado, aquél al que un mastodonte le tiró la puerta de casa abajo, con un mazo de dos metros, sabe lo que es un desahucio.

Ahora vivimos en una realidad virtual donde se sobreinforma desde las nuevas tecnologías para opacar la hambruna que acecha en millones de hogares. Los malnutridos son aparcados a la acera de un reparto nazi-estalinista, por contra, los hambrientos son olvidados. La tormenta de los desequilibrios económicos infundados por los gobernantes en la umbría embiste contra los más débiles, y los subyuga, desde la amoralidad evangelizada por las bestias de Inframundo que hace años dejaron de ser humanas.

La derecha mediática invisibiliza la catástrofe humanitaria, la izquierda de halcón flamea la bandera del impasse, pero asegurando, que no va a perder ninguno de sus privilegios dinerarios para paliar dicho problema. Los catedráticos de extrema derecha y de extrema izquierda se odian, y se municionan, verbalmente, pero teniendo claro que no van a bajarse un euro de su sueldo, ni tan siquiera, para que los más pobres puedan ver la cara del gran monarca.

¿Hemos llegado a un grado de insensibilidad, hemos carbonizado la empatía hasta tal punto que hasta la hambruna de los niños nos provoca indiferencia? Un nihilista destruiría ese paradigma deontológico, pero en los túneles, no puede subvertir el orden establecido. Y es, que, lamentablemente, los anarquistas y los cristianos, sean de donde sean, y desabotonen lo símbolos que sean, tienen algo claro: los muertos de hambre deben perecer en su propia miseria. Es así de triste, pero así de veraz.

En esta sociedad hispana, medio zombi en lo emocional, medio muerta en el auspicio ajeno, cuando se ve a un pobre se le escupe con la mirada. Le hacen ver que es un subhombre, un ente repulsivo. Y aunque éste sea niño, debe ser arrinconado a las aristas de la farola de voz lumínica decapitada; evacuado a la periferia del barro y las ratas, allá, donde se hacen cárceles para pobres y se levantan fábricas nivosas de supuestos locos que son peligrosos para el régimen social, no sabemos si por psicosis o porque pueden tumbar todo el sistema montado.

El rico contado en unidades, se hace así desfalcando al pobre mayoritario, que se cuenta por millares multiplicados; los medios de comunicación silencian la verdad de las calles sin nombre, las excluidas a causa del vacío de vianda, y bautizado, por el yermo sentimental de la otra cara comunitaria. Muchos de la clase media se han ido a la clase baja, y los que han sobrevivido en la media, matarían de hambre si pudieran a los estamentos mortecinos con tal de hacer subsistir su estatus. 

No hay derechas ni izquierdas, hay ricos y pobres. Hay polifagia y hambre. Pero, para la mayoría de la gente toda esta inequidad les importa un rábano, incluso, aunque la inanición tenga rostro de infante. 

La derecha quiere solucionar el tema con caridad; la izquierda, poniendo el dinero de los otros sin que esto implique a su bolsillo: dos riberas de afluente que derraman su identidad falsaria en un mismo río. Nadie quiere flaquear sus bienes monetarios aunque ello suponga un socorro para los niños famélicos. Sin embargo, si los pobres se cultivan, y vencen la pantomima de la ideología, y se unen, quizás, puedan dentellar los cimientos colectivos: quimera o utopía. 

Lo que sé, es que de la familia y de la muchedumbre mayoritaria sólo se puede esperar miseria, por mucho que algunos se disfracen de mesías revolucionarios, al tiempo, que embotijan sus cuentas, que jamás desaguarán para alimentar a los niños del hambre, que existen en España, aunque las cámaras no lo graben y los locutores derechistas de la abyección lo desmientan. Al final, sólo el hambriento sabrá lo que es el hambre, y la miseria infantil, es un arma para señalar lo que puede pasarte si decides no venderte al régimen imperante.

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