Escena del Mardi Gras, en Nueva Orleans (EEUU) en donde una joven veinteañera muestra sus senos en calle pública, en busca de un collar de plástico que ha de ser arrojado desde un balcón.
Universitarias españolas, o stripers camufladas, se desvisten y se quedan en tanga en lo alto de un escenario ante el lametón del agua que les lanzan los organizadores, en una discoteca abarrotada por más de 1.000 personas, con el único objetivo de conseguir una botella de alcohol, y supuestamente, en estado de desinhibición por la ingesta de alcohol.
Estamos en una época deslumbrante de caquexia mental, pero el mundo hace tiempo que quedó en manos de diletantes del feminicidio. La cultura mema con la que Estados Unidos trata de infectar Europa ha cuajado perfectamente en España.
En la tierra yanqui los clubs de stripers, los concursos de camisetas mojadas, en las que, por supuesto, sólo participan mujeres, tienen gran predominancia.
En Nueva Orlenas, en el carnaval del Mardi Gras, que congrega cada febrero a millones de personas, ha coagulado perfectamente una idea perversa en la que mujeres destapan sus pechos por un collar de plástico de Taiwan que puede valer 50 céntimos, tirando por lo alto. Los hombres llevan los collares, y por supuesto, las drogas y el alcohol para doblegar dignidades. Hay abusos de toda clase: a veces son decenas de tíos los que rodean a una sola mujer, que anda con una amiga, que lejos de protegerla la ofrece. Se producen tocamientos, se succionan pezones... Toda cinematografía es incapaz de relatar lo que allí sucede.
Cuando en ese carnaval se pisan determinados locales la fiesta es protagonizada por presentadores que llevan la demencia de las calles a los locales, cuando la droga ya ha hecho temblar muchas conciencias, y todos ríen ante el espectáculo del feminicida. Los asesinos de la urbe social, que desde lo sexual ensogan la dignidad de toda persona humana encuentran en estas fiestas su espacio exclusivo para hacer valer quiénes son los que mandan, tiranizando cada corpúsculo de integridad, despertando a los criminales sexuales.
En España, en su capital, Madrid, ese modelo estadounidense ha sido mudado, con un doble objetivo, por un lado, envarar el pensamiento y la libertad, y por otro, envanecer a sujetos amorales que buscan el poder para violar, además del dinero para enriquecerse. Es normal, si no se tiene cojones para ser traficante de mujeres siempre puedo ser organizador de eventos feminicidas. Además, esas fiestas cuentan con el parapeto de la diversión, el goce, la risa ubérrima y la voluntad de un ingenio introyectado por el Sistema.
Y así, llegamos a locales donde unas chicas jóvenes, algunas que ni llegan a los 20 años se dejan rociar agua en sus camisetas mientras se lo van quitando todo ante una bandada de buitres, psicópatas, feminicidas, perversos polimorfos y enfermos. Pero, ¿es posible que se trate de actrices o en verdad lo hacen y se desnudan por una botella de alcohol? La decadencia puede evacuar un aroma tan fétido como esclavista. Realmente, me paro a pensar que buena parte de esas chicas son prepagadas,y actúan de gancho para llenar esas salas que revientan de cerdos. En el mundo por cada hombre noble hay 10 miserables: las cuentas nunca fallan.
Ahora bien, es posible, y esto es muy triste, que muchas de ellas lo hagan libremente, que hayan sido engañadas por una supuesta lujuria, por una voluntad de potencia injertada que dice que todo pecado se asesina mostrando las tetas en público y bailando desnuda ante 1.000 personas con la luz decibélica del machismo ilustrado.
Es posible que algunas sean esquizofrénicas, o deseen hacer algo repudiable ante un público numeroso, o quizá, quieran llamar la atención sea como sea. Es posible, que algunas hayan sido drogadas para hacerlo, o pagadas, cuando no tienen ni migas que llevarse a la boca, pero lo peor, lo más decadente, lo más mortuorio, son aquéllas que por vicio o dejadez han sido engañadas, estafadas, y que creen que haciéndolo van a ser súpermujeres, cuando ésa es la trampa del androcentrista que pretende sellar de divertido, humorístico e ingenioso esa parcela que esconde la humillación personal, la aniquilación de toda dignidad.
Y ella, pobre decadente muestra sus senos y se menea ante la lluvia creyendo que es una diosa, un centro de atención, una mujer importante, una loca en el buen sentido que tiene los ovarios para hacerlo, sin saber, que está financiando su propio orgullo, su grandeza humana, y además, está alimentando a los feminicidas, los pederastas, los violadores, los traficantes de niñas, los criminales sexuales de la más absoluta obscuridad.
Nietzsche, en Humano, demasiado humano, explicita, en el error más amargo, lo siguiente:
Nietzsche, en Humano, demasiado humano, explicita, en el error más amargo, lo siguiente:
"Se siente uno extraordinariamente ofendido cuando se descubre que, en lugar de ser apreciado, como se creía, sólo se es considerado como objeto de diversión y como figura decorativa, con la que, el dueño de la casa satisface su vanidad ante sus huéspedes".
Asimismo, cuando los organizadores de estos concursos son acusados de lo peor salen a relucir toda clase de excusas: es libre, es voluntario, también se desnudan chicos, es sólo un juego.. No vaya a ser que se les joda el negocio. Ellos, saben bien a lo que hacen apología pero, con la pasta que se llevan poco puede importarles: el capitalismo salvaje ya lo devoró todo. Y encima todo se convierte en risa: la carcajada es la hija de la puericia y la nieta de la ignorancia. Sin tontos ni tontas, el Sistema no podría agujerear dignidades.
Estos concursos de camisetas mojadas de lo femenil y de mujeres desnudas, sólo faculta el apoyo a los asesinos que viven de despedazar todo lo humano. Y ante estos concursos, digo: Todo principio de ignorancia primigenia germina, antes o después, una decadencia ulterior, que destierra tu alma por los confines más depravados, allí donde anidan, las almas prostituidas por la crueldad más inefable.


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