miércoles, 24 de mayo de 2017

¿Por qué perdió La Alemania Nazi la Segunda Guerra Mundial?









Hay muchas explicaciones políticas de por qué los nazis perdieron la Segunda Guerra Mundial. Sin dejar de mencionar: los fallos militares, como el no arrasar a Gran Bretaña, como invadir a la Unión Soviética sin tener consideración a la climatología infernal rusa, como querer adueñarse de África o como la declaración de guerra contra los Estados Unidos.

Hitler fue un psicópata que de haber adherido a su causa a los judíos hasta habría podido resistir el avance de sus enemigos. Pero ante todo, fue un demente inventado por el Sistema. Se creó a una súperpotencia militar de carácter alucinatorio, bajo las órdenes de un chalado que desarrolló prácticas satánicas de muerte y de tortura, que posteriormente, sería liberado por otras potencias de igualdad maléfica. Por ejemplo, Hitler mató a 7 millones de judíos pero Stalin mató a 10 millones de ucranianos, la mitad niños, en una hambruna deliberada conocida como Holodomor, quitándoles hasta la última migaja de alimento.

La Alemania nazi era racista, por supuesto, y cometió unos genocidios espeluznantes. Pero no dejemos de mencionar lo siguiente: Gran Bretaña era racista y tenía a toda la India sometida; para los mayores colonizadores del mundo, los indios eran subhombres destinados al sometimiento. Stalin era racista también contra los judíos a los que deportó de manera subliminal a Birobiyán; además de sus matanzas de hambruna contra los ucranianos. Los franceses tenían sus colonias en África donde sometían brutalmente a los aborígenes, en trabajos de esclavitud y sueldos de miseria mientras expropiaban todos sus recursos naturales. Y por último, los Estados Unidos eran xenófobos a muerte contra los afroamericanos, a los que trataban como animales, quienes además, crearon campos de concentración con ciudadanos japoneses de igual crueldad que los de los nazis.

Es sencillamente enloquecedor pensar que una sola potencia, a pesar de su gran poder militar y su materia humana sobresaliente, (la Alemania nazi) podía arrasar en soledad contra tres titanes (Gran Bretaña, Unión Soviética y Estados Unidos), y más, teniendo de aliados a una Italia militar de poderío de segundo de orden, y a una Japón anárquica que en nada colaboró con los teutones.

En mi opinión, la derrota nazi se debe a que el Sistema, grupo clandestino de máximo poder que gobernaba entonces en la sombra, y gobierna ahora, no le interesaba la dominación nacionalsocialista en el mundo, y hay una respuesta filosófica: la supremacía de una súper-raza, la que predicaba la Alemania nazi, por encima de todas las demás, sin oposición, no podía financiar la base ontológica que el Sistema necesitaba para someter a los seres humanos. Sin embargo, la idea comunismo-capitalismo sí refrendaba esa posición dualista que el Sistema necesitaba.

Es por eso que los nazis son derrotados por la Unión Soviética racista de Stalin y los Estados Unidos racistas de Harry Truman, en dos frentes separados que se llegan a encontrar. El bando que gana no es el que predica la superioridad racial de unos arios rubios de ojos azules que no tienen oposición, sino la unión dual de dos rostros (comunismo-capitalismo), que en pugna ficticia, pueden esclavizar a las personas humanas bajo la directriz de dos hemisferios aparentemente diferentes.

Tras la Segunda Guerra Mundial, dos estados quedaron separados dentro de Alemania, el occidental, comandado por Estados Unidos, y el oriental, liderado por los soviéticos, y de ahí nació la Guerra Fría, con el choque de dos ideas  fantasmagóricas disputándose el orden mundial.

Ese súperhombre nietzscheano desvirtuado por los nazis a su propio beneficio y que nada tiene que ver con el que describió Nietzsche, de un ente Supremo de piel aria, por encima de los demás hijos de la Tierra, sin oposición racial alguna, no interesaba filosóficamente hablando a los verdaderos líderes de la Tierra, los jefes en la penumbra, los que fecundaron la Segunda Guerra Mundial en 1939.




¿Y por qué Stalin y Hitler no se aliaron? Porque lo cierto es que los soviéticos, en su lucha de clases, habían trasladado la idea del súperhombre nieztscheano, también distorsionado, para su propio lucro, pero a través de la sociología: donde unas clases sociales eran superiores a otras. Si se hubieran aliado los dos conceptos el binomio no habría podido fortalecer la necesidad dualista de confrontación que el Sistema necesitaba para dirimir al individuo.

De ahí, que el Sistema pusiera todas las armas para que Hitler rompiera su pacto con Stalin de no agresión firmado en 1939, cuando ambos dictadores se repartieran Polonia: cuando bolcheviques y nazis atacaron desde dos lados opuestos cometiendo el genocidio, la tortura y la deportación contra los polacos, pues eran la misma raza de asesinos. 

Asimismo, cuando los alemanes entraron en territorio rojo en 1941, en el momento estacional más indicado, para que los soviéticos pudieran resistir, con una brigada de choque feroz, y esperar así, a la contrariedad temporal del invierno más terrible donde los rusos eran los mejores, sobre todo, con su brigada siberiana, el colapso germano estaba asegurado. Algo que más adelante, se corroboraría, con el giro que dio la guerra tras la derrota hitleriana en Stalingrado. Hitler aseguró que los servicios secretos alemanes le habían engañado sobre el poder militar soviético (en una conversación secreta grabada por un ingeniero, Adolf Hitler se asombraba de los más de 30.000 tanques soviéticos que había derribado, y aún así, los bolcheviques resistían), pero para mí, fue el Sistema quien le metió en la madriguera llamada Unión Soviética. 

El Sistema dinamitó Pearl Harbor para que Japón sólo se preocupase de Estados Unidos y no interviniera en la Unión Soviética. Los errores del Eje fascista estaban calculados milimétricamente. Cuando los soviéticos recuperaron el territorio perdido por las hordas nazis, se dirigieron a atacar Berlín, con la ayuda de un segundo frente estadounidense-británico que entró por Normandia (Francia). Era la guerra en dos orillas separadas que Alemania no podía resistir: Estados Unidos y La Unión Soviética derribaron el imperio nazi, y con ello, se edificó la sociedad dualista (capitalista-comunista) que el Sistema necesitaba para domeñar al inconsciente colectivo.





De esta forma, el Sistema pudo imponer con la derrota nazi su modelo bicerebral: comunismo y capitalismo, desde el semblante estadounidense combinado con el soviético. Un imaginario prefabricado que procreaba la oposición que el Sistema sí requería para su dominación.





Éste sería el nuevo mapa de Alemania tras la derrota nazi en 1945. Estados Unidos y la Unión soviética llevan la voz cantante. Berlín quedaría también dividida por las potencias de Los Aliados.





Tras la Segunda Guerra Mundial, el mundo quedaría dividido en dos bloques: el azul-capitalista y el rojo-comunista.





La idea de una súper-raza, de un súperhombre por encima de todos los demás, sin oposición, no interesaba al Sistema. De ahí, la derrota nazi.











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