viernes, 26 de mayo de 2017

El día que Freud amó a Mussolini





En 1933, Freud recibió a una paciente de Roma, de Alta Cuna, como todos a los que ayudaba Sigi, a cambio de grandes cantidades de dinero: el único amigo del médico vienés. 

El papá de la joven, fascista e íntimo amigo del dictador italiano, que ya llevaba 11 años en el poder con la imposición de un régimen coloreado por atrocidades, y sumado, con las carbonizaciones de toda libertad de expresión bajo una táctica de terror basada en la violencia humanitaria, pidió a Freud que le dedicara un libro para el Duce, y Freud, eligió Por qué la Guerra. Después, le dejó una dedicatoria lisonjera que loaba hacia los cielos al dictador norteño:


 "A Benito Mussolini, con el saludo respetuoso de un hombre viejo que reconoce en la persona del dirigente un héroe de la cultura".


 Y a continuación, firmó. ¿Por qué eligió precisamente el libro de Por qué la Guerra? ¿Puede ser que lo hiciera para enaltecer la figura viril y militar del dictador italiano?

En cualquier caso, Freud, burgués de raíz, con sed de fama y poder, no tuvo reparos para ensalzar la figura de un tirano, puesto a que ello, seguramente, le proporcionaría más pacientes, y por tanto, más dinero a sus arcas. Las palabras pueden disiparse ante el testigo mudo del viento, pero los escritos, sentencian e ilustran la catadura moral del personaje.


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