Que Stalin y Hitler alcanzaron el máximo poder es indiscutible, incuestionable, pues ahí está la historia. Lo que no sabemos, es, qué grupo todopoderoso estaba detrás de estos dos psicópatas. Los Altos Poderes no podían dejar el mundo en manos de hombres sanos y decentes, pues, todo el chiringuito se les iba a hundir. Debía haber una destrucción masiva que arrancara la piedad y despertara el satanismo desde el inconsciente colectivo hasta la consciencia individual.
Se sabe bien que los bolcheviques tomaron el poder en 1917 y que se desató una guerra civil en Rusia entre los rojos y los blancos (conservadores, socialistas, liberales y monárquicos) con un balance de 10 millones de muertos y atrocidades de todo tipo. Los rojos vencieron: ¿Por qué? ¿Quiénes les dieron las armas a los rojos para ganar esa guerra? Los Altos Poderes lo financiaron todo para quedarse con la mitad del petróleo del Cáucaso. Rusia era el mejor país para imponer el comunismo: un país rural apenas industrializado, con unas temperaturas durísimas y una filosofía un tanto obscura como consecuencia de las condiciones meteorológicas. El realismo impuesto por el gran Dostoievski hacía del ruso un ser que aceptaba la realidad por dura que ésta fuera. Difícilmente iban a penetrar los Altos Poderes con esta ideología (invento supino) en los Estados Unidos del consumismo y la estupidez referencial.
En 1933 Hitler alcanzaba el poder. Los nazis manipularon el inconsciente colectivo de toda una nación mediante una sociología simbólica psicótica que todo lo obnubilaba. ¿Pero quiénes estaban detrás de Hitler y sus secuaces? ¿Quiénes financiaron el nazismo?
En 1936 se desata la Guerra Civil Española, antesala de la Segunda Guerra Mundial. España se parte por la mitad: los soviéticos financian a los republicanos; los nacionalsocialistas financian a los sublevados. Los Altos Poderes no quieren el comunismo en Occidente sino en Oriente, por cuestiones sociológicas, y los sublevados, ganan la guerra en 1939. En ese mismo año Stalin y Hitler firman un pacto de no agresión. Fue un 23 de agosto de 1939. Ribbentrop, Ministro de Asuntos Exteriores nazi, firmó el pacto junto a Molotov, ministro de Asuntos Exteriores soviético, y el propio Stalin. El 1 de septiembre se inició la Segunda Guerra Mundial al invadir Alemania una nación adyacente, Polonia: país que se reparte con la URSS, que tras invadir a los polacos por el oeste comete las mismas atrocidades que los alemanes. Inglaterra y Francia le declaran la guerra a Alemania pero no a la URSS.
Todo el mundo ve la historia a través de un documental o un libro de Historia y cree que hay un Churchill, un Hitler, un Stalin... Pero en verdad, todo es un plan maquiavélico de los Altos Poderes. En 1940 Hitler conquista Francia y toda Europa queda a sus pies salvo Inglaterra y la Unión Soviética. En ese mismo año los nazis inician una guerra contra Inglaterra: la famosa "Batalla de Inglaterra". Los alemanes causaron el terror en numerosas ciudades inglesas dejando 50.000 muertos y millones de personas sin hogar. Claro que los británicos también bombardearon Berlín, y ante esto, la réplica nacionalsocialista fue más demoníaca. Pero los nazis no estaban en condiciones de desembarcar en la isla británica, puesto a que la flota naval inglesa era muy superior. Además, los ingleses contaban con el invento del radar y su ejército aéreo era muy potente. La victoria de la Luftwaffe sobre la Real Fuerza Aérea Británica era muy discutible, sobre todo, siendo una flota cebada económicamente por los Estados Unidos.
En este contexto, Hitler firmó el mayor error de su vida política: invadir la URSS. Los Altos Poderes avisaron a Stalin que Hitler iba a atacarle antes o después porque no le quedaría otra salida, y que si no obedecía las órdenes impuestas del Nuevo Modelo Mundial iba a ser aniquilado por los nazis, porque iban a permitirlo, y no iban a suministrarle nada. Hitler, sin embargo, fue abducido por los Altos Poderes a través de sus servicios secretos de otra manera: "Debemos avanzar por el oeste. El Ejército Rojo no es poderoso, sus generales fueron masacrados. Si hacemos un gran despliegue en dos meses serán degollados como las malas bestias que son".
Algo se torció en aquel 22 de junio de 1941, cuando Hitler tomó la iniciativa apresurada de invadir un país sin carreteras y con unas condiciones meteorológicas tan maléficas. Hitler creyó ser Crono, el que derrotó a su padre Urano para gobernar toda la mitológica Edad Dorada, pues los bolcheviques fueron los padres del nazismo.
Así, 4.000.000 de soldados junto a 5.000 blindados, 10.000 piezas de artilería y 5.000 aviones cruzaron la frontera provocando el caos en las tropas soviéticas. Los nazis avanzaban imparables por todo el territorio ruso asolando todo lo que pillaban a su paso. Los aviones eran calcinados sin que ningún piloto pudiera meterse en ellos.
Hitler parecía estar a un paso de la gloria, sobre todo, cuando entró en Ucrania e hizo 500.000 prisioneros y las gentes locales izaron la bandera nazi: fue el día en que las mujeres ucranianas daban agua y flores a los soldados de la Wehrmacht, sin embargo, los Altos Poderes surtían con armas, carros y víveres a los rusos, al otro lado de Rusia, por Birobiyán entre otras zonas, donde Stalin había ejecutado su deportación encubierta de judíos.
En cualquiera caso, Stalin tenía miedo, pues no sabia si los Altos Poderes iban a venderle, por eso, cuando los nazis rodearon Moscú y estaban a punto de tomar la ciudad, el dirigente georgiano se refugió en el metro. Stalin tembló. Sin embargo, lo que los Altos Poderes sabían y Hitler no calculó fue que se había metido en una madriguera peligrosa de final mortuorio. El frío del invierno ruso congeló en el noviembre de 1941 a los caballos, los camiones, los blindados y los soldados nazis con unas temperaturas de casi 40 grados bajo cero.
El ataque a la URSS por parte de las hordas nazis el 22 de junio de 1941 fue la prueba palmaria que necesitaban los Altos Poderes para hacer ver a la opinión pública que la Segunda Guerra Mundial era inesperada, espontánea... Que no había en ella nada de planificado. Cuando en verdad, fue una maniobra psicológica de destrucción milimétrica que se produjo gracias a la confabulación de poderes ocultos de psicopatía hercúlea."
Tras el fracaso, Hitler ya quedó atrapado en Rusia, donde provocó varios genocidios, resultado de la hambruna y la falta de medios para la población civil rusa, como bien refleja el sitio de Leningrado de 900 días con casi 1.500.000 muertos. En verdad, Hitler evitó a Stalin cometer un gran genocidio, le hizo en parte víctima cuando al tirano de Georgia nunca le importó el ser humano. Cuando Stalin comprendió que sí entraba en los planes del Nuevo Modelo Mundial empezó a utilizar muy bien los recursos que le llegaban de Birobiyán, y tras el apocalipsis bélico de Stalingrado y Leningrado, los alemanes tuvieron que abandonar el país en 1944, cimentando su propio colapso. 60.000 soldados alemanes circularon por Moscú rumbo a los campos de concentración ante la mirada del pueblo ruso y Stalin. La contraofensiva rusa funcionó, porque los Altos Poderes la nutrieron con armas de todo tipo y alimento: soldados dispuestos a matar en Rusia había de sobra. Los alemanes se quedaron sin suministros y yertos de frío.
Los soviéticos entraron en Berlín en 1945 con 2.500.000 de hombres, 6.000 tanques, 7.000 aviones y 40.000 piezas de artillería. Claro que pudieron entrar en la capital alemana gracias a los bombardeos satánicos de los aviones estadounidenses y británicos: quienes masacraron no sólo a Berlín sino también a Hamburgo, Dresde y Colonia durante toda la guerra con decenas de miles de muertos. El desembarco de Normandia de 1944 dividió a las fuerzas nazis, que era el plan que Stalin necesitaba, pero desde luego no fue decisorio porque los norteamericanos entraron en guerra cuando los nazis estaban ya diezmados por la operación rusa: esperaron hasta el momento final para rescatar Francia y quedarse la gloria y la plata. Los soviéticos liberaron el oeste (Rumanía, Polonia, Checoslovaquia, Hungría...) para imponer allí el comunismo en la postguerra con todo el brutalismo más inimaginable.
Stalin y Hitler no eran más que peones de un tablero. Y ganó Stalin, porque los Altos Poderes necesitaban un mundo dividido por clases sociales no por cuestiones raciales. El exterminio social llevado a cabo en la URSS por los bolcheviques, con el Holodomor (1932-1933) a la cabeza, y sus 7 millones de muertos, (la mitad, niños), en una hambruna deliberada que conducía a una muerta segura, sumada a las ejecuciones en masa, el resto de inaniciones en todo el mapa soviético y los campos de concentración de genocidio social con millones de personas vehiculadas a la tortura de la esclavitud, como paso previo antes de la muerte, sí era necesario para el duopolio comunismo-capitalismo: dos ideologías fraccionadas por el Alto Grupo dirigente en la sombra; dos farsas para dividir el inconsciente colectivo, para domeñar la mente humana.
Hitler se suicidó en su búnker en abril de 1945 mientras la ciudad estaba rodeada por las tropas soviéticas, o eso cuentan. Parece poco creíble. Ese búnker no lo veo como una ratonera y sí como un pasadizo secreto en el subsuelo conducente a una vía de escape. Miles de nazis emigraron a Argentina a vivir como reyes en unos pueblos comprados que miraban al mar: ¿Miles lo hicieron y el nazi número 1 no pudo? Como buen empleador de los Altos Poderes ya se encargarían de darle un retiro eterno.
Asimismo, Stalin que murió en su cama por un derrame cerebral, según versiones oficiales, nos ofrece un final poco convincente. Lo cierto es que adueñado de paranoias construyó campos de concentración donde iba a enviar a judíos que según él iban a derruir la URSS con la ayuda de Estados Unidos. En 1950 ya querían eliminar a Iósif Stalin pero le necesitaban para guardar unas apariencias. Pero en 1953 se lo cargaron porque era un lastre e iba a cometer otro holocausto judío. Pensó que lo del "complot de los judíos" era una prueba para verificar su fuerza y su capacidad de decisión, sin saber, que fue la trampa psicoanalítica, para asesinarlo.
Stalin y Hitler, genocidas del comunismo y el nacionalsocialismo, dos inventos de fábrica que no podían convivir juntos, y por ello, uno debía ser fagocitado por el otro, por intereses de índole sociológica y filosófica, nos enseñan que el fanatismo es la calle que conduce a la muerte de un país y que el personalismo en un líder es una maniobra sistémica para aniquilar el pensamiento libre y adoctrinar a todo un rebaño inculto. Cuidado...












