martes, 28 de noviembre de 2017

La Democracia: Una dictadura del Inconsciente





La dictadura como forma de gobierno se impuso en épocas pasadas, combinándose con la llamada democracia. La primera, era selvática y deambulaba en el plano de la consciencia. La segunda, estaba articulada bajo un engaño adscrito al misterioso estado de inconsciencia: el objetivo era ocultar la verdadera dictadura encubierta.

La dictadura se propagó para emanar un terror inefable. en que la evolución psicológica era muy pobre, el mundo estaba salvaje y no había el suficiente desarrollo a nivel de neurociencia.

En los años 30, Hitler y Stalin no necesitaban más que sus manos opresivas para aplastar a todos aquellos que no aceptasen sus leyes de pensamiento. La dictadura, por sí sola, servía para engendrar un clima de horror donde todos y todas debían doblegarse ante la Idea Suprema del Régimen.

Frente a las dictaduras nazis y bolcheviques en Europa se extendían las democracias francesas e inglesas. En Inglaterra hombres como: Stanley Baldwin, Neville Chamberlain o Winston Churchill; y en Francia, hombres como Albert Lebrun representaban una supuesta democracia que atentaba directamente contra los derechos humanos y la dignidad de los negros del África, quienes eran tratados como esclavos al mismo tiempo que desvalijaban los recursos naturales de sus países.

La dictadura se enarboló para ilustrar un mal visible que debía ser rescatado por su antagonista: la democracia, la liberadora. La democracia fue exhortada como la vía más ecuánime con un lema por el cual es el ciudadano libre el que tiene el poder para cambiar a sus gobernantes, y por ende, las cosas injustas que les parece mal. La gran pregunta a plantear sería qué poder se cambia realmente, ¿es el poder cutáneo o el poder real?

Pero en verdad, esa diferencia de consciencia entre esas dos formas de regencia son falsarias. Sólo existen en el plano del significante, porque las dos, son hijas de una misma madre satánica. La dictadura exterioriza el mal que la democracia endulza, oculta y disfraza.

En la actualidad, la gente cree que la democracia es el sistema más justo; sin embargo, lo que desconocen es que tras esa estructura de elección hay algo más tenebroso. La ciudadanía se cree libre al tener la oportunidad de cambiar de gobernantes cada cuatro años, o cada ocho; e incluso, después de catorce. Los pobladores se dirigen a los colegios electorales, agarran un papelucho y lo meten en una cacerola de madera, y con ello, han tomado conciencia; han empuñado su poder. Pero, ¿qué sucedería si toda la clase política estuviese intervenida por grupos todopoderosos que anidan en la sombra y no salen en los telediarios? ¿Qué se estaría votando entonces? ¿Qué poder tendría el ciudadano en una supuesta democracia?

El Sistema, clan omnipotente que acaudilla en la penumbra sabía que la dictadura era un sistema político vulgar, fútil, mameluco: demasiado evidente. La dictadura sólo opera en la consciencia inmediata. Ahora bien, la democracia concentra un desarrollo psicológico muy superior. Pues, con la dictadura llevas a los populachos al norte a hostias, sin embargo, con la democracia, los llevas al norte acaramelando al gentío con la seducción de que ellos tienen el poder y eligen su propio camino.

Los grandes medios de comunicación venden la idea, en función de quiénes les paguen, de que una ideología política u otra es la mejor, aunque toda la clase política está controlada por grupos clandestinos, regidores del Máximo Poder y controladores de la gran farsa entre gobiernos amancebados y disidencias dominadas.

Con la democracia no eres libre. Tu poder es ilusorio. La dictadura es una cacicada zoquete: salvajismo irracional carente de desarrollo cognitivo, filosófico y espiritual. Sin embargo, la democracia, sistema soberano para engatusar al inconsciente colectivo, es la mejor artimaña para hacer creer al gentío que ellos con su voto pueden cambiar las cosas.

La democracia es una dictadura del inconsciente, misteriosa y laberíntica. La democracia es una forma superior de dictadura; es la evolución intelectual de ésta. 

Si coloco a un gobierno que reparte ensaladas de hostias y apruebo la tortura y la muerte contra los gobernados, antes o después, habrá una revolución para derrocar a ese gobierno, pero, si les digo a los ciudadanos que ellos tienen el poder con su voto, y como grupo oculto me parapeto en los partidos políticos engendrando una guerra dialéctica de izquierdas y derechas, donde los culpables son los primeros o los segundos, la gente estará disuadida, creyendo, que con su elección de urna las cosas puedan cambiar. Luego no cambia nada, todo es lo mismo: hambre, desigualdad, paro, injusticia, expropiación tiránica e impuestos masivos... Así lleven unos o unas ropajes jipis o monarcas, nada cambia porque los gobernantes obscuros de la nación siguen siendo los mismos, pero esa guerra no la vas a lidiar porque su poder es invisible.

Bienvenidos a la democracia, una ilusión para adormecer la respuesta mental del ciudadano inmerso en la quimera de que él tiene el poder, cuando, en verdad, no tiene ninguno. La democracia es la dictadura del inconsciente porque, embebidos en el área de lo onírico, creemos tener un poder real que en verdad es ilusorio. Y los ilusionistas que lideran la sociedad desde el espectáculo hasta la justicia y la política, lo saben: por eso, sólo reclaman su parcela de poder. 

La democracia es la forma de gobierno más solvente para enjaular la respuesta crítica de la ciudadanía, narcotizando, a todo el potencial intelectual libre. Ahora, los políticos repiten hasta la saciedad ese eslogan de "los demócratas", es decir, "los farsantes", que reclaman la supremacía nacional adueñándose de las máximas almas posibles, trabajo inconsciente cardinal para el Sistema, los gobernantes del crepúsculo, los terratenientes del poder real, los que siempre permanecen ocultos.

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